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Viaje al fin de la noche: Louis-Ferdinand Céline

Viaje al fin de la noche

No s√© qu√© podr√≠a decir yo de¬†Viaje al fin de la noche¬†cuando Ma√ęl Renouard escribi√≥ hace unos a√Īos un¬†art√≠culo¬†tan insuperable y hermos√≠simo sobre sus barcos (os dejo prometida la traducci√≥n). Lo √ļnico que puedo contar es por qu√© me gusta a m√≠¬†Viaje al fin de la noche, que es de lo que se trata.

Viaje al fin de la noche

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Me cuesta, porque Ferdinand Bardamu, el protagonista del libro, y yo compartimos la manía de largarnos de todas partes y muchas otras cosas que a ninguno de los dos nos resulta agradable ni fácil ni práctico compartir. Las ganas de irse. El exilio como droga. El cambio como promesa. Los barcos como casita para el alma.

El ratito en el que a√ļn somos desconocidos en cada lugar nuevo al que llegamos como remanso de paz. Buscar siempre m√°s lejos, m√°s hondo. La rabia, la lucidez, el cansancio que nos producen la mediocridad y la falta de inquietud, el sentido del humor que nace del agotamiento, esta frase: ¬†‚ÄúMi coraz√≥n, ese conejo, resguardado detr√°s de su jaulita de costillas, agitado, acurrucado, est√ļpido.‚ÄĚ

El final de la noche es el territorio de Ferdinand Bardamu, y es un territorio geogr√°fico, no es una cuesti√≥n de horarios. Lo oscuro adonde nadie quiere ir es el √ļnico lugar que le pertenece, o el √ļnico lugar al que √©l pertenece. √Čl lo dice: no importa lo que hagas durante el d√≠a, importa si puedes dormir por la noche. Y √©l no puede dormir,¬†Bardamu. √Čl no es como la dem√°s gente que se acuesta sin cuestionarse o intentar comprender, como los que duermen tranquilos como ostras y que cada amanecer se encuentran el pacto que firmaron con la vida renovado autom√°ticamente, el pacto t√°cito con la brutalidad del mundo, con la mentira inmensa y universal, con la falsedad mutua. Bardamu no soporta el tablero hipocres√≠a sobre el que se juega a la vida tendido en la mesa del desayuno. Bardamu no lleva la cobard√≠a necesaria para seguir viviendo, d√≠a tras d√≠a, incorporada en los zapatos. Bardamu sabe del cuerpo que se pudre y que se muere y que a veces tambi√©n goza, el cuerpo siempre dispuesto a seguir con la farsa, la suciedad, el cuerpo d√≥cil donde se guarda el alma d√≥cil. Lo conoce de la guerra, al cuerpo destripado, y lo conoce de su desastrosa carrera de m√©dico, al cuerpo enfermo.

No os llev√©is a enga√Īo: Bardamu no es un triste alma errante, es un perro rabioso como pocos, alguien que se duele de haber perdido la esperanza y la fe, un observador l√ļcido que sabe mirar y al mirar se asquea y anhela un ob√ļs que destripe y arregle todos los problemas, un ob√ļs-muerte. Pero a veces en su viaje azaroso (el azar elige su destino, porque a Bardamu le da exactamente lo mismo el d√≥nde, con tal de que est√© en otra parte) Bardamu se conmueve, cuando encuentra a Alcide, a Molly, a Sophie, cuando encuentra bondades, alguna clase de pureza, amor desinteresado, acordeoncitos que tocan canciones en las sobremesas del verano. Bardamu, en el fondo, es un rom√°ntico que no puede ejercer por falta de est√≠mulo, o que s√≥lo ejerce a la vista de unas piernas bonitas o de un coraz√≥n vulnerable.

Viaje al fin de la noche¬†es un libro para re√≠rse a carcajadas y para llorar de tristeza por lo triste que es la humanidad a partes iguales, os prohibo que no hag√°is las dos cosas. Si os da por la intelectualidad, pod√©is reflexionar sobre¬†Eros y T√°natos; si os da por la francofilia, pod√©is hacer paralelismos c√≠nicos entre el Robinson de este libro y el Pangloss del C√°ndido de Voltaire; si os da por la ling√ľ√≠stica, √©sta fue la primera novela que alguien se atrevi√≥ a escribir en lenguaje coloquial y usando argot como si le fuera en ello la vida; si os da por el viaje, nadie m√°s inspirador que Bardamu que se va de √Āfrica a Nueva York en una galera. La primera parte del libro es una de las visiones m√°s terribles sobre la guerra que se hayan escrito, a pesar de los generales enamorados de los rosales y de Barmadu jurando nunca m√°s pisar el campo en lo que le queda de vida.

Si pod√©is, leed la hist√≥rica traducci√≥n de Carmen Kurtz (es la que le√≠ yo en la biblioteca de mi pueblito, muchos a√Īos antes de tener el¬†C√©line¬†verdadero en la edici√≥n bolsillo de Folio). Ya sab√©is, comprada de segunda mano. La de Manzano que os dejo aqu√≠ no me gusta un pelo. Esta semana me he le√≠do los tres libros as√≠ que hablo con sacrificado conocimiento de causa, pero no abundar√© en¬†mis quejas sobre los traductores modernos¬†que ando escupiendo en blogs ajenos.

Por fuera del libro:

C√©line dio muchos m√°s tumbos geogr√°ficos en la vida que Bardamu, qui√©n sabe si huyendo de las mismas cosas o persiguiendo las mismas cosas. Pero los tumbos los dio, as√≠ que los bichos y la disenter√≠a africanos y Broadway como restaurante de sue√Īos r√°pidos, la Alemania de preguerra, fueron suyos antes de que fueran de Ferdinand.

El editor de¬†C√©line, Robert Deno√ęl,¬†fue asesinado¬†por las mismas fechas en que C√©line hu√≠a de Francia despu√©s de la guerra, hasta que fue detenido por colaboracionista y por exacerbado panfletario antisemita en Dinamarca, aunque regresara a Francia en el 51 donde sigui√≥ escribiendo para Gallimard. Muchos no leyeron a C√©line por su ideolog√≠a, lo que es una l√°stima adem√°s de una soberana estupidez.¬†Viaje al fin de la noche¬†es un libro obligatorio para todo aquel al que le duela, aunque sea un poquito, estar vivo.

ue Robinson y Bardamu terminen trabajando en un manicomio para mí que le sirvió a Cortázar para terminar su Rayuela, igual que la Nadja de Bréton le sirvió para empezarla. Pero ésa es otra historia.