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La nieve del almirante: √Ālvaro Mutis

La nieve del almirante: √Ālvaro Mutis 1

Citas: Niega toda orilla.

La selva no tiene nada misterioso, como suele creerse. √Čse es su peligro m√°s grande. Es, ni m√°s ni menos, esto que usted ha visto. Esto que ve. Simple, rotunda, uniforme, maligna. Aqu√≠ la inteligencia se embota, el tiempo se confunde, las leyes se olvidan, la alegr√≠a se desconoce, la tristeza no cuaja.

Algo ha terminado. Algo comienza. Conocí la selva. Nada tuve que ver con ella.

la nieve del almiranteMaqroll siempre es el mismo: vaga no sin rumbo sino siempre rumbo a alg√ļn fracaso.¬†La Nieve del Almirante¬†es el relato de otra de sus empresas absurdas, otro de sus embarques en el desastre.¬†Todo esto es absurdo y nunca acabar√© de saber por qu√© raz√≥n me embarqu√© en esta empresa, dice √©l mismo;¬†No tiene remedio mi errancia atolondrada.¬†

En La Nieve del Almirante Maqroll sube el río Xurandó hasta casi su nacimiento, contra corriente, como el Kurt de El corazón de las tinieblas, pero en otro extrarradio y con la actitud del que espera el vacío al llegar, del que sabe que todo esfuerzo contra el río lo irá separando cada vez más de un bello destino y acercándolo a sus cuatro precarias verdades. Durante todo el camino, incluso antes de empezar, Maqroll sabe que el viaje es en vano, que no sólo no ganará nada sino que perderá mucho de lo que lleva.

A√ļn as√≠ prosigue, por el lujo de perder, y porque¬†Maqroll nunca emprende nada que pueda terminar a derechas; √©sa es su carga y su maravilla, andar a contrapelo del mundo, a contramarcha de los r√≠os, siempre estrell√°ndose en los trayectos, siempre en pos de algo o m√°s bien siempre en pos de nada, como quien no sabe bien qu√© hacer con su vida y se embarca para al menos justificarse la existencia en el intento.

Pero √©l y nosotros a trav√©s de sus viajes al vac√≠o lo vamos conociendo a √©l (si a algo a lo que el Gaviero no le tiene miedo es al strip-tease mental) y a personajes magn√≠ficos y miserables, como esos dei ex machina que se atraviesan en los caminos de Maqroll severos pero con la mano extendida, como el Mayor del ej√©rcito (que se merecer√≠a una novela para √©l solo); o esos compa√Īeros de viaje pat√©ticos que manejan el planch√≥n en el que se embarca nuestro gaviero rumbo a su negocio dudoso:¬†el¬†capit√°n alcoh√≥lico, el indio triste y los dos bandidos.¬†Mutis siempre quiere dejar claro que los viajes que √©l relata no son en busca de experiencias o emociones, son m√°s como castigos aceptados, el precio de enfrentarse ya vencidos de antemano a la adversidad.

La pregunta siempre es: si a Maqroll le desgarra su propia manera de vivir su vida,¬†siempre a contrapelo, siempre da√Īina, siempre ajena a su verdadera vocaci√≥n, ¬Ņpor qu√© no prueba otra cosa? Las respuestas, bien que he llegado a conocerlas, son dos: la primera, probad a vivir as√≠, probad la desesperanza elegida, los m√°rgenes, el contramano perenne, probad la devastaci√≥n de observarse continuamente enfangado en el error l√ļcido. De ah√≠ no se vuelve. La segunda: por la cochina poes√≠a.
La Nieve del Almirante adolece de lo mismo que Ilona llega con la lluvia y abunda en sus mismas bondades. Creo que Mutis os va a gustar bastante.

Por fuera del libro:
La Nieve del Almirante¬†se public√≥ en 1986, cuando √Ālvaro Mutis ya ten√≠a 63 a√Īos. Es la primera aparici√≥n del Gaviero Maqroll en una novela, bajo la apariencia de diario encontrado por Mutis en un libro comprado en el Barrio G√≥tico de Barcelona. Le seguir√°n otras seis, la √ļltima publicada en 1991. ¬†Mutis, que es hijo adoptivo de C√°diz, empez√≥ a escribir novela tarde (antes era poeta), nos deja margen para pensar que a√ļn estamos a tiempo de ser novelistas.

La Nieve del Almirante¬†en¬†espa√Īol

Un cachito de La Nieve del Almirante:
Siempre me ha sucedido lo mismo: las empresas en las que me lanzo tienen el estigma de lo indeterminado, la maldición de una artera mudanza. Y aquí voy, río arriba, como un necio, sabiendo de antemano en lo que irá a parar todo. Me intriga sobremanera la forma como se repiten en mi vida estas caídas, estas decisiones erróneas desde su inicio, estos callejones sin salida cuya suma vendría a ser la historia de mi existencia.  Una fervorosa vocación de felicidad constantemente traicionada, a diario desviada y desembocando siempre en la necesidad de míseros fracasos, todos por entero ajenos a lo que, en lo más hondo y cierto de mi ser,  he sabido siempre que debiera cumplirse si no fuera por esta querencia mía hacia una incesante derrota.