Yo que he servido al rey de Inglaterra. Bohumil Hrabal

Yo que he servido al rey de Inglaterra. Bohumil Hrabal

Citas: Yo, que de las mujeres siempre había mirado única y exclusivamente la parte de cintura para abajo, las piernas y el vientre, por esta muchacha yo trasladé mis ojos y mi deseo hacia arriba, arriba, hacia un hermoso cuello y unas hermosas manos que están abriendo un libro, hacia los ojos, de los que brota lo bello,  todos esos detalles de un rostro humanizado por las palabras francesas y las frases en francés, y luego por la charla y finalmente por la penetración en complejos pero hermosos textos de hermosos hombres jóvenes, poetas, que descubrían lo milagroso de lo humano.

Ésa era mi cima, aquello que hizo de mí una persona que no ha vivido en vano.

Me daba todo igual y en consecuencia todo me era preciado.

Los libros que te construyen recuerdos o imágenes que dejas de saber distinguir de los tuyos, o los libros que te hacen crecer ojos capaces de ver lo diferente son los libros que me gustan. Por eso me gusta Yo que he servido al rey de Inglaterra. Porque la corbata blanca de tela rugosa con lunares azules claro color del nomeolvides que se dejó olvidada el Príncipe Hohenlohe y que embellece a Jan Díte en su paseo por el centro de Praga, la quiero tener algún día entre mis manos. Porque algún día me gustaría haber visto al general bailando el chardas con la jovencita de blusa rasgada, rodeado por zíngaros admirados; al poeta Jódl llevándole a las viejas ateridas del mercado cuando llueve sopa de callos y panecillos trenzados (Hrabal dice: en aquella cacerola, yo así lo veía, él llevaba su propio corazón cortado a trozos y guisado con cebolla y pimentón) o colocando toda la primera edición de su libro de poemas en fila en el suelo de su casa; a la prostituta bañándose en sirope de frambuesa y agua de seltz en señal de protesta; al maître Zdeněk con sus modales de conde después de haber gastado todo su dinero en pagar a los músicos, invitar a todo el pueblo a festejar y comprar claveles, rosas y crisantemos pedir 20 céntimos para cerillas; a Díte mirándose en todos sus espejos viejos comprados a los leñadores que siguen viendo en ellos los reflejos de los oficiales nazis; a los millonarios encerrados en la cárcel sin muro cocinando para los milicianos.
Lo increíble se hace realidad, es la frase que se repite por todo Yo que he servido al rey de Inglaterra. Y si lo pensáis bien, es así, sólo que hacen falta los ojos para ver. Bohumil Hrabal lo dice en algún momento: si estas cosas le hubieran pasado a otro a lo mejor no se daba cuenta de lo extraordinario (en todas las vidas hay un Emperador de Abisinia que nos condecora; todos adornan de pétalos los vientres de las mujeres). Ver, ver, ver, este libro habla del ver, del tener ojos que sólo después de agotarse de ver cosas pueden reconocer mejor. Y también habla del despojo, del que después de una vida llena de afán y de empeño y de conseguir sólo quiere estar solo y estrecharse a sí mismo; del que ha visto demasiado y conoce demasiado y quiere dejar de ver para contar lo que vio.
Nadie sabe lo que llevamos con nosotros, nadie puede reconocer al vernos lo que hemos vivido, dice el pequeñísimo Díte. Cuál de los labriegos que le escuchan hablar del destino de su futuro cadáver regado desde el Mar Negro al Mediterráneo puede saber que los médicos nazis le midieron y sopesaron antes de expedirle un certificado otorgándole permiso para fecundar a una alemana. Grotesco, dicen. Bueno, Hrabal es, digamos, alta literatura tabernaria, relato de café, pero no de café literario sino de café donde se sientan los viejos a quienes puedes escucharles las historias. Y así escribe Hrabal, como hablan los señores de los bares antiguos, en frases interminables o que al menos no se saben dónde empiezan y donde terminan llenas de comas y disgresiones y poemas masticados.

Por fuera del libro:
El pequeño imita, el grande roba, he leído en alguna parte. Y Bohumil Hrabal, ese héroe de los checos, sabe de qué tumbas literarias es mejor robar. Cuando estuve en Polonia hace 9 años me robé un cartel de la presentación de un libro de Hrabal lleno de gatos negros que siempre cuelga desde entonces de la pared de mi salón siempre que tengo salón. Así lo queremos en esta casa.

Yo que he servido al rey de Inglaterra en checo

Yo que he servido al rey de Inglaterra en español

Una referencia bonita

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