Viaje al fin de la noche. Louis-Ferdinand Céline

Viaje al fin de la noche. Louis Ferdinand Céline

Citas: Nous ne changeons pas! Ni de chaussettes, ni de maîtres, ni d’opinions.

Faire confiance aux hommes c’est déjà se faire tuer un peu.

Il faut choisir, mourir ou mentir. 

No sé qué podría decir yo de Viaje al fin de la noche cuando Maël Renouard escribió hace unos años un artículo tan insuperable y hermosísimo sobre sus barcos (os dejo prometida la traducción). Lo único que puedo contar es por qué me gusta a mí Viaje al fin de la noche, que es de lo que se trata. Me cuesta, porque Ferdinand Bardamu, el protagonista del libro, y yo compartimos la manía de largarnos de todas partes y muchas otras cosas que a ninguno de los dos nos resulta agradable ni fácil ni práctico compartir. Las ganas de irse. El exilio como droga. El cambio como promesa. Los barcos como casita para el alma. El ratito en el que aún somos desconocidos en cada lugar nuevo al que llegamos como remanso de paz. Buscar siempre más lejos, más hondo. La rabia, la lucidez, el cansancio que nos producen la mediocridad y la falta de inquietud, el sentido del humor que nace del agotamiento, esta frase:  “Mi corazón, ese conejo, resguardado detrás de su jaulita de costillas, agitado, acurrucado, estúpido.”
El final de la noche es el territorio de Ferdinand Bardamu, y es un territorio geográfico, no es una cuestión de horarios. Lo oscuro adonde nadie quiere ir es el único lugar que le pertenece, o el único lugar al que él pertenece. Él lo dice: no importa lo que hagas durante el día, importa si puedes dormir por la noche. Y él no puede dormir, Bardamu. Él no es como la demás gente que se acuesta sin cuestionarse o intentar comprender, como los que duermen tranquilos como ostras y que cada amanecer se encuentran el pacto que firmaron con la vida renovado automáticamente, el pacto tácito con la brutalidad del mundo, con la mentira inmensa y universal, con la falsedad mutua. Bardamu no soporta el tablero hipocresía sobre el que se juega a la vida tendido en la mesa del desayuno. Bardamu no lleva la cobardía necesaria para seguir viviendo, día tras día, incorporada en los zapatos. Bardamu sabe del cuerpo que se pudre y que se muere y que a veces también goza, el cuerpo siempre dispuesto a seguir con la farsa, la suciedad, el cuerpo dócil donde se guarda el alma dócil. Lo conoce de la guerra, al cuerpo destripado, y lo conoce de su desastrosa carrera de médico, al cuerpo enfermo.
No os llevéis a engaño: Bardamu no es un triste alma errante, es un perro rabioso como pocos, alguien que se duele de haber perdido la esperanza y la fe, un observador lúcido que sabe mirar y al mirar se asquea y anhela un obús que destripe y arregle todos los problemas, un obús-muerte. Pero a veces en su viaje azaroso (el azar elige su destino, porque a Bardamu le da exactamente lo mismo el dónde, con tal de que esté en otra parte) Bardamu se conmueve, cuando encuentra a Alcide, a Molly, a Sophie, cuando encuentra bondades, alguna clase de pureza, amor desinteresado, acordeoncitos que tocan canciones en las sobremesas del verano. Bardamu, en el fondo, es un romántico que no puede ejercer por falta de estímulo, o que sólo ejerce a la vista de unas piernas bonitas o de un corazón vulnerable.
Viaje al fin de la noche es un libro para reírse a carcajadas y para llorar de tristeza por lo triste que es la humanidad a partes iguales, os prohibo que no hagáis las dos cosas. Si os da por la intelectualidad, podéis reflexionar sobre Eros y Tánatos; si os da por la francofilia, podéis hacer paralelismos cínicos entre el Robinson de este libro y el Pangloss del Cándido de Voltaire; si os da por la lingüística, ésta fue la primera novela que alguien se atrevió a escribir en lenguaje coloquial y usando argot como si le fuera en ello la vida; si os da por el viaje, nadie más inspirador que Bardamu que se va de África a Nueva York en una galera. La primera parte del libro es una de las visiones más terribles sobre la guerra que se hayan escrito, a pesar de los generales enamorados de los rosales y de Barmadu jurando nunca más pisar el campo en lo que le queda de vida.
Si podéis, leed la histórica traducción de Carmen Kurtz (es la que leí yo en la biblioteca de mi pueblito, muchos años antes de tener el Céline verdadero en la edición bolsillo de Folio). Ya sabéis, comprada de segunda mano. La de Manzano que os dejo aquí no me gusta un pelo. Esta semana me he leído los tres libros así que hablo con sacrificado conocimiento de causa, pero no abundaré en mis quejas sobre los traductores modernos que ando escupiendo en blogs ajenos.

Por fuera del libro:
Céline dio muchos más tumbos geográficos en la vida que Bardamu, quién sabe si huyendo de las mismas cosas o persiguiendo las mismas cosas. Pero los tumbos los dio, así que los bichos y la disentería africanos y Broadway como restaurante de sueños rápidos, la Alemania de preguerra, fueron suyos antes de que fueran de Ferdinand.
El editor de Céline, Robert Denoël, fue asesinado por las mismas fechas en que Céline huía de Francia después de la guerra, hasta que fue detenido por colaboracionista y por exacerbado panfletario antisemita en Dinamarca, aunque regresara a Francia en el 51 donde siguió escribiendo para Gallimard. Muchos no leyeron a Céline por su ideología, lo que es una lástima además de una soberana estupidez. Viaje al fin de la noche es un libro obligatorio para todo aquel al que le duela, aunque sea un poquito, estar vivo.
Que Robinson y Bardamu terminen trabajando en un manicomio para mí que le sirvió a Cortázar para terminar su Rayuela, igual que la Nadja de Bréton le sirvió para empezarla. Pero ésa es otra historia.

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10 respuestas a Viaje al fin de la noche. Louis-Ferdinand Céline

  1. Más abajo transcribo el texto de respuesta en mi blog. Lástima que la lectura del “viaje” me quede ya un tanto “lontana” como para aportar alguna idea al “debate”. No obstante, esta correspondencia asilvestrada que nos hemos traído últimamente le da un impulso remunerador a estos asuntos cibernéticos de los blogs que es muy de agradecer, en especial, cuando uno lleva metido en harina ya casi tres años:

    “Eso sí que es velocidad lectora, Loulou, envidia me das. Queda claro que, según tu opinión, el sr. Manzano está condenado a galeras desde hace ya sus buenos quinquenios: un cuarto de siglo para ser precisos. Pero, en fin, como ya te dije en esta polémica yo no entraré. Punto.

    En cuanto a tu “entradita”, mejor decir “entradaza”, pues me ha resultado muy creativa y personal como a mí me gustan las opiniones, críticas o reseñas. Enhorabuena, de verdad, tu estilo de escritura es muy seductor. Estaré al tanto de tu blog en la medida de mis posibilidades y con la generosidad que te mereces.

    Saludos cordiales.”

    NB: si mi “tuteo” resulta un poco descarado, saco el “ustedeo” de inmediato-presto-no más. Me diga.

    • loulouleelee dijo:

      Cuando llegue el apocalipsis zombie iré a echar una parrafada con el señor Manzano y darle un tirón de orejas y preguntarle por qué, oh, por qué.
      Está muy bien el debate, si no para qué escribe una. No me hable de antigüedad que yo ya llevo bitacoreando diez años.
      Tutee, vosee, ustedee, éste es un blog libre.
      Gracias por sus aportaciones y enlaces.

  2. Muy Matrera dijo:

    No tengo más que agregar, salvo que éste es un libro imprescindible. La genialidad, bestialidad y desbordante sinceridad del escritor son suficientes para dejar de lado su cuestionable opción ideológica.
    Yo lo leí en la excelente y bella colección Literatura Contemporánea de Seix Barral y conservo ese libro dentro de las joyitas en mi biblioteca.
    Ah, les dejo un video con una entrevista a Céline (está en francés) que encontré navegando por youtube:
    http://www.youtube.com/watch?v=WmL56-cFrz4

  3. Pingback: En enero leemos: | clublarena

  4. jose gandolfo dijo:

    He sabido que existe otra traducción al español de este libro que la del Sr.Manzano. Si alguien pudiese informarme dónde encontrarla, le estaría agradecido. Desgraciadamente la traducción de Manzano de ésta y otras obras de Celine creo que erra medio a medio:no es una traducción al español sino a giros y vocablos del la lengua cotidiana que se habla en la península, pero que son en su mayoría desconocidos al gran universo de los hispano parlantes.Con la intención loable de traducir la jerga francesa que usa Celine, sus libros se convierten en textos inintiligibles para alguíen que desconoce los modismos y el lenguage popular hispano. Ni siquiera tiene la precaución de acompañar sus traducciones de un glosario. En suma, son traducciones para españoles, pero no para personas que hablan español.

  5. Fernando Casiraghi dijo:

    De acuerdo con José en cuanto al trabajo de Manzano, argentino yo. Pero la novela es tan potente que resiste hasta esa traducción

    • Carlos dijo:

      Yo tengo la otra traducción cuidada impecablemente primera edición editorial compañía general fabril editora, la traducción es de Armando Bazán

  6. Ya he comentado en otras entradas mi admiración por este libro. Tu post me ha encantado, me encanta la pasión que rezuma cada una de sus frases.

    Muy interesante lo que dices de la traducción de Manzano así como lo que escribes sobre su traducción en los comentarios a otros post. No soy traductor pero doy mucha importancia a los traductores. Recientemente he experimentado lo que tu dices en una obra genial llamada “Pequeño, grande” donde alternaba un lectura digital a cargo de una traductora y otra edición en papel con una traductora diferente. Pude experimentar todo lo que tu señalas.

  7. Hay una traducción al español de Armando Bazán, que publicó el Centro Editor de América Latina (en Buenos Aires, en 1970) que es, a mi modesto criterio, bastante buena. Lo estoy leyendo con el original al lado y cada tanto doy una mirada cuando algún párrafo me resulta “algo raro” y reconozco que el camino elegido por el traductor es más que razonable.
    Coincido en que la traducción de Manzano es una palmaria condena a la industria editorial española.
    Saludos.

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