Una habitación en Babel. Eliacer Cansino

Una habitación en Babel_Eliacer Cansino

Citas: El cielo está estrellado, limpio, ajeno a la inmundicia, con la misma luna para los amantes, para el recogedor de basuras, y para un perro que aguarda como un asilado la hora de comer. 

¿No eran las tinieblas un bálsamo que apaciguaba la insoportable insatisfacción de existir?

¿Cómo empieza el Guzmán de Alfarache, ese libro tan importante en Una habitación en BabelNo es nuevo para mí, oh enemigo vulgo, los muchos malos amigos que tienes, lo poco que vales y sabes, cuán mordaz, envidioso y avariento eres; qué presto en disfamar, qué tardo en honrar, qué cierto a los daños, qué incierto en los bienes, qué fácil de moverte, qué difícil en corregirte. ¿Cuál fortaleza de diamante no rompen tus agudos dientes? […] ¿Cuál flor tan cordial entró por tus oídos, que en el enjambre de tu corazón dejases de convertir en veneno? ¿Qué santidad no calumnias? ¿Qué inocenciano persigues? ¿Qué sencillez no condenas? ¿Qué justicia no confundes? ¿Qué verdad no profanas? ¿En cuál verde prado entraste, que dejases de manchar con tus lujurias? Y si se hubiesen de pintar al vivo las penalidades y trato de un infierno, paréceme que tú sólo pudieras verdaderamente ser su retrato. Pues eso. El mundo es un lugar cruel y desalmado pero quedan unos cuantos buenos, sostiene Eliacer Cansino. Una habitación en Babel es un libro escrito por un pedagogo desde su atalaya de la vida humana para sus alumnos adolescentes, habitantes del monte de las miserias. Eliacer Cansino debe de ser un profesor estupendo que enseñe a los pibes a mirar mejor lo que les rodea, a reflexionar sobre las Grandes Verdades y a fomentar las Grandes Virtudes. Una habitación en Babel empieza prometedoramente, con un muchacho llamado Marcos capaz de cualquier cosa por conquistar con paciencia, artes exquisitas y expediciones al basural si hace falta a Berta, la Helena de Troya de la Torre, un edificio ruinoso en medio de la nada sevillana habitado por gentes de todas las raleas, incluyendo un viejito bienhechor que vive rodeado de libros con pasado guerracivilyexilio, un adolescente italiano malvado que amasa pizzas, trafica con cds pirateados y recita letras de Eros Ramazzotti para conquistar a las ingenuas, una señora guineana vestida de azafrán que visita al profesor de filosofía de casi todos los personajes del libro para entregarle la carta de su sobrino desaparecido, y sigue con un viaje al sur para hacer el bien. Pero las grandes novelas no explican ni dan razones ni mastican el alimento para metértelo en la boca. ¿Qué le falta al libro? Más Marcos y Berta; un poco de peligro real (los señores de las mafias de la inmigración no son tan inofensivos como el Chanca); más historia de Rashid, el adolescente marroquí de pasado desgraciado que va por mal camino. ¿Qué le sobra? Obsesión pedagógica; los recuerdos castellanoleonenses infantiles traídos por los pelos del profesor de filosofía; el suicidio por gangrena; citas de Bécquer. ¿Qué nos gusta? Marcos en todo su ancho (más escritor de verdad que Berta, la que quiere ser escritora); me gusta que el profesor, a pesar de su ecuanimidad y de su mesura, sea capaz de arrearle un mamporro al ropavejero esclavista; me gusta que el profesor, a pesar de sus quejas, tenga siempre rato para escuchar las confidencias de los alumnos. Me gusta que un verso festivo de José Hierro sea el catalítico de una historia de amor. Me gusta que conforme avanza el libro la gente vaya llamando a las puertas de sus vecinos con más ganas y naturalidad. Me inquietó esta frase: ¿Por qué te fías más de un recién llegado que de alguien como yo que está a tu lado desde siempre? Una habitación en Babel se lee en media tarde, está bien escrito, y a nadie le hace daño un poco de bondad soñadora: lo que Eliacer Cansino nos dice es que tenemos que hacer barrio, ser buenitos, ayudar al semejante y leer más libros. Y que en caso de incendio, entre salvar un cuadro o salvar a un gato, hay que salvar siempre al Gato.

Por fuera del libro:
Hoy en vez de hablar de la génesis del libro (qué decir: está publicado hace dos años, se llevó el premio nacional de literatura y Eliacer Cansino debe de ser un señor muy agradable sin ningún malditaje encima), voy a contar algo mío que seguramente traiga sin cuidado a los que lleguen aquí buscando el resumen del libro para su asignatura de literatura. Mi querida Rika Yoshida me recomendó Una habitación en Babel y me firmó la primera página en una de sus visitas. De eso hace una vida. Lo metí dentro de una caja hace año y medio, cuando abandoné Madrid para irme a México. Ahora, junto con otros doscientos libros que dejé en un trastero y mi ropa de invierno, lo recuperé y lo puse en mi montaña de libros para leer. Hoy, como tenía que meterme un rato en los transportes públicos, decidí llevármelo, junto con una chaqueta otoñal barcelonesa que también llevaba guardada el mismo tiempo. Del bolsillo derecho de la chaqueta saqué una entrada de cuando fui a ver Woyzeck al María Guerrero en marzo del 2011. La quise meter en el libro para que no se me perdiera. ¿Qué encontré guardadita en la página por la que se me abrió Una habitación en Babel? La entrada para Gólgota Picnic que vi en el María Guerrero en febrero del 2011. Tengo muchas chaquetas, son uno de mis vicios. Tengo muchos libros, son otro de mis vicios. Voy mucho al teatro, es otro de mis vicios. Calculadme las posibilidades de que coincidan chaqueta y libro con entrada para el mismo teatro y entenderéis por qué ayer me alegré de mis costumbres de urraca guardadora aunque nómada.

Primer capítulo de Una habitación en Babel en pdf

Una referencia bonita

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