Un puente sobre el Drina. Ivo Andrić

Un puente sobre el Drina. Ivo Andric

Citas: Tales personas, a las que se canta y de las que se habla, son arrastradas velozmente por su destino particular, y tras ellas quedan vivas, en lugar de una existencia realizada, una canción o una historia.

Los adversarios se habían arrancado unos a otros no solamente las mujeres, los caballos y las armas, sino también las canciones y muchos poemas que habían pasado así, de un bando a otro, como un precioso botín.

Ivo Andrić en Un puente sobre el Drina cuenta la vida de un puente y la cuenta a lo oriental, si por oriental queremos entender como yo entiendo persa, otomano, yugoeslavo. El paso del Drina en Višegrad se hace por un hermoso, magnífico puente que podéis cruzar con vuestros piecitos verdaderos si os acercáis hasta allí o con vuestros piecitos imaginarios si os leéis el libro donde Andrić construye las leyendas para luego contar su nacimiento; siempre son más increíbles las historias históricas de las que nacieron los cuentos asalvajados sobre las costumbres asalvajadas de esos pueblos (que, como él dice, viven luchando extrañamente con sus vecinos desde hace siglos no por creencias, sino por poder), que las leyendas y los mitos que cuentan las abuelas en las noches de tormenta.
El pueblo sólo recuerda y cuenta aquello que puede comprender y transformar en leyenda. Y así, Iamak el barquero, Mehmed-Pachá Sokoli (el niño servio secuestrado que llega a ser visir y yerno de un sultán), el cruel Avidaga, el mártir Radislav de Unichte, los gemelos emparedados Stoïa y Ostoïa, Milan Glasichanin jugando a las cartas con el diablo, el mulá Ibrahim y el pope Nikola, la altiva Fata Osmanagic, el viejo Ielisías y Milé el servidor del molinero decapitados uno por llegar temprano y otro por cantar contento una canción, las desvergonzadas niñeras austriacas que se pasean del brazo de los cabos poblarán también vuestras noches de tormenta si cedéis a la nostalgia de hacer vuestro todo lo que cuenta este libro-río (ah, los labradores de piedra dálmatas).
Los puentes siempre son tentadoramente símbolos, más si se los coloca entre Servia y Bosnia, entre el Imperio turco cuando Turquía era Europa y los austrohúngaros agrimensores-previsores, entre las cosas como siempre fueron y las cosas como empiezan a ser, pero ya os tengo dicho que los libros mejor leerlos como lo que son y dejar las interpretaciones para las cenas con vino. Aún así, me quedo con la imagen del puente de piedra casi inalterable mientras le pasan por debajo y por arriba las estaciones, las corrientes, los años.
La primera vez que leí Un puente sobre el Drina fue en un tren de Estrasburgo a París, hace ya 15 años. Nunca más me olvidé de la kapia, ese ensanche en el puente de piedra donde se reunían a tomar café, a comer pipas de calabaza y a arreglar el mundo circundante los hombres de Višegrad, esa Europa oriental lejana y misteriosa del siglo XVI que sería muy parecida a mi propia tierra en el siglo XVI si no hubieran llegado nuestros austrohúngaros privados disfrazados de Isabel y Fernando. La segunda vez ha sido ahora para contároslo.

Por fuera del libro:
Ivo Andrić nació en Bosnia de familia croata y luego se declaró servio, que para él era como decir yogoeslavo. En los Balcanes por un quítame allá esas pajas geograficopoliticoreligioso te circuncidaban o te convertían al islam o te empalaban o te cortaban la cabeza y la ponían en una pica sobre el puente, como bien puede leerse en el libro. El servocroata dejó de existir al menos sobre el papel, aunque son el mismo idioma, alfabetos y neologismos forzados aparte. Lo sé porque me lo contó un croata al oído. Miento, por supuesto.
Leed Crónica de Travnik antes de que yo lo destripe aquí.

Un puente sobre el Drina en croata

Un puente sobre el Drina en servio

Un puente sobre el Drina en español

Una referencia bonita

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