Un árbol crece en Brooklyn. Betty Smith

Un arbol crece en Brooklyn_Betty Smith

Una cita:  When something comes up, you tell exactly how it happened but write down for yourself the way you think it should have happened. Tell the truth and write the story.

He was going to “drop anchor.” The children were disappointed when they discovered that the romantic phrase simply meant that you threw a lump of iron attached to a rope overboard.

Hace como tres años tante Chantal me dijo que leyera este libro de Betty Smith y hasta ahora no le hice caso, entre otras cosas porque sabía que me iba a gustar tanto que me daba pena malgastar el sentimiento. Un árbol crece en Brooklyn es el Qué verde era mi valle de las novelas, un álbum llenito de cromos de colección: las muchachas en combinación que los sábados se lavan los brazos en los fregaderos frente a la ventana, el tío Willie que termina siendo hombre orquesta y su caballo Drummer enamorado de la tía Evy, la abuela Rommely y su mecedora que viajó desde Austria en el barco y sus hijas a las que no dejó aprender alemán para que no entendieran las maldiciones de su padre, el sombrero de terciopelo color verde jade ladeado de Katie Nolan, el señor chino de la tintorería que le cambia a Francie las camisas sucias de su padre por un papelito con dibujos misteriosos, la balanza de platos dorados donde se pesa el té en la tienda de especias, las naranjas que se compran sólo por Navidad, el botón de oro de Johnny Nolan y su insigna del sindicato de camareros cantantes, las flores que cambian según la estación en el jarrón de la bibliotecaria, la increíble tía Sissy y sus maridos, las listas maravillosas de cosas misérrimas que se trasladan en las mudanzas.
Los personajes son todos increíbles. Y el libro está tan bonitamente escrito, como sólo esos libros poco pretenciosos pero ciertos lo están. En Un árbol crece en Brooklyn resuena la melancolía por ese mundo verdadero que deja de existir cuando se deja de mirar las cosas por primera o por última vez, cuando se deja de ser una niña pobre con trenzas, cuando se dejan de coleccionar porquerías encontradas en una caja forrada y de hacer los recados con maravilla, cuando ya no se tiene curiosidad por mirar y se empieza a ser el objeto de la mirada de otras niñas curiosas (por eso el Libro IV no mola tanto, Francie ya creció).
En algún lado leí que Un árbol crece en Brooklyn es el retrato de la artista adolescente porque Francie Nolan cuenta que decide escribir para dejar de mentir en la vida real y mentir sólo cuando escribe. Ya antes habré dicho que los escritores no mienten: miran y destilan la realidad de forma diferente. Y la manera de ver de Betty Smith (a su madre embarazada arrodillada limpiando el linóleo de la escalera o llevando su traje gris con trencilla, su sombrero ladeado y sus guantes, a su padre llegar borracho cantando Molly Malone o hecho una pintura con su frac con solapas de seda, al médico mirándole con asco el brazo sucio antes de ponerle la vacuna, a Brooklyn) no es apta para alérgicos al sentimiento (que no es lo mismo que el sentimentalismo, no os penséis que esto una novelita).
P.S. Dos gestos preferidos míos de la novela: Francie Nolan tirando cada día su café con leche por el fregadero con la alegría del derroche, Francie Nolan abriendo la puerta de la biblioteca cada tarde.

Por fuera del libro:
La Armed Services Editions que repartía libros de bolsillo entre las tropas norteamericanas durante la Segunda Guerra Mundial (la misma que convirtió a El gran Gatsby en clásico), tuvo que imprimir dos ediciones de Un árbol crece en Brooklyn. Señores que clavaban bayonetas en pechos extranjeros sin piedad y y ahogados en un falso sentido épico se apuntaban en la lista de espera para leer las historias de Francie en tanques, barcos, camas de hospital o sombras campestres de los campos de batalla. Eso debería bastar para que os dieran ganas de leerlo.

Un árbol crece en Brooklyn en inglés

Un árbol crece en Brooklyn en español

Una referencia bonita

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