Trenes rigurosamente vigilados. Bohumil Hrabal

Trenes rigurosamente vigilados. Bohumil HrabalCitas: A mí, que estaba acostumbrado a la soledad, cuando llegamos a la ciudad se me estrechó el mundo.

Siempre me habían dado miedo las personas hermosas, nunca había sido capaz de hablar correctamente con las personas hermosas, sudaba, tartamudeaba, me producían tanta extrañeza las caras hermosas, me deslumbraban tanto, nunca he podido mirar una cara hermosa.

Milos Hrma es un muchachuelo de 23 años, descendiente de una estirpe de escaqueados: bisabuelo lisiado que con la pensión imperial cada día se compra una botella de ron y un atado de tabaco y va a chotearse de los trabajadores de las fábricas que terminan matándolo de una paliza, abuelo hipnotizador circense que va a enfrentarse en el sentido de ponerse enfrente a los tanques alemanes que vienen a invadir el país para hipnotizarlos y que se den media vuelta y termina debajo de uno de esos tanques, padre jubilado antes de tiempo recogedor de chatarra y de la cabeza de su propio padre. Estas descripciones hacen que nos imaginemos las tierras eslavas como territorio estrafalario, y aunque seguramente no sea tan así, dan ganas de ir a pasearse por el fango escarchado del este. Este muchacho Milos, que intenta suicidarse cortándose las venas porque no es capaz de penetrar a su amada, tiene un héroe, el factor Hubicka, criador de palomas primero de raza alemana y luego cuando los alemanes invaden Polonia de raza polaca. El día que vienen a comunicarle a Hubicka su primer ascenso después de años y años de servicio aparece a recibir el nombramiento sin uniforme y lleno de caca de paloma porque estaba limpiando el palomar. El factor Hubicka (qué bonita palabra, factor, y qué poco se usa en estos mundos europeos modernos) es capaz de aprovechar el turno de noche para levantarle la falda a la telegrafista Zdenicka sobre el canapé del despacho del jefe de estación y sellarle las nalgas con todos los sellos, incluyendo el de la fecha. El factor Hubicka ayuda a la resistencia a sabotear los trenes alemanes que pasan con soldados moribundos, con ganado moribundo, con prisioneros moribundos. Milos, aprendiz de guardagujas (qué bonita palabra, guardagujas) se trepa por la ruta de Hubicka para dejar atrás las ganas de morirse niño y así morir hombre. “Al menos no murió virgen ni de mujer ni de derramador de sangre”, puede subtitularse este libro, o, a la manera de Hrabal, “al menos murió hombre”; porque Hrabal concibe la virilidad así, a la antigua, medida contra las mujeres y contra la guerra.
Tengo que decir que no me ha gustado mucho Trenes rigurosamente vigilados, será que ando veleidosa o peor, pretenciosa, pero no, no volvería a leérmelo jamás. Tampoco es que el texto en español ayude, es bastante feota la prosa (lo he leído en la edición de Muchnik). Parece que en checo es una cosa gloriosa, mezcla de argot arrastrado y delirio poético. Nos lo perdemos. Cosas que sí sí me gustan: cuando Hrabal describe a los SS hermosos como si escribieran versos o fueran a jugar al tenis, así modo Scott Fitzgerald, y la manera de hablar sobre la mujer que ceba gansos y hace ganchillo como si tocara la cítara, convocando silencio.

Por fuera del libro:
La otra vez que leí a Bohumil Hrabal no dije ni mú de sus cosas privadas, sólo hablé de mi cartel polaco con gatos. Hoy os voy a contar cómo este estudiante de derecho tuvo que dejar de estudiar sin ninguna tristeza (alma bohemia) durante la ocupación alemana porque los nazis cerraron las universidades checas y trabajar en los ferrocarriles caramba qué coincidencia, exactamente igual que Milos Hrma, el protagonista de Trenes rigurosamente vigilados.  Cada vez que cambió de trabajo de pícaro, Hrabal escribió una novela de pícaros, aunque en este caso tardó 20 años en contar su vida en los trenes, la novela la publicó en 1965. Quiero leer su novela de reciclador de papel y rescatador de libros, a ver si me gusta más que ésta. Hrabal murió al caerse por una ventana mientras le daba de comer a las palomas, o más bien tirándose por una ventana dejándole al mundo su gesto último de alimentar palomas. Lo de la colombofilia tal vez le quedó también del factor Hubicka.

Trenes rigurosamente vigilados en checo

Trenes rigurosamente vigilados en español

Trenes rigurosamente vigilados en película

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