Trans-Atlántico. Witold Gombrowicz

Transatlantico_Witold Gombrowicz

Citas: —No me gusta la Mantequilla demasiado mantequillosa, ni los Fideos demasiado Fideosos, ni la Sémola demasiado Semolosa, ni los Cereales demasiado cerealientos.

¡Hay que librar a los Muchachos de la jaula paterna, que corran un poco por tierras sin caminos, que visiten también lo Desconocido!

Trans-Atlántico es un libro muy divertido, una especie de Ubu Rey polaco o un Janosch para mayores, aunque en el fondo es un libro tristísimo disfrazado de sátira feroz y juguetona, el libro de alguien que quiere ser huérfano y no sabe cómo deshacerse de su proveniencia. De renegados está la literatura llena. Gombrowicz arremete contra Polonia o contra el Padre o contra su origen o contra sus obligaciones, con el rencor mascado y la independencia ganada en quince años de ausencia, de paso que cuenta su vida argentina disfrazada de comedia estrafalaria. Gonzalo el Puto, el que camina con él, es por supuesto su doble, y para mí que me complico siempre la vida no es sólo la manera de Gombrowicz de sacar del placard su condición de perseguidor con prontuario policial incluido de jovencitos sino su manera de raptarle a la autoridad (la patria, el padre, lo que sea) al hijo, que en Trans-Atlántico se llama Ignazi y por fuera de Trans-Atlántico podemos llamar la voluntad, la independencia, la voz propia. Dice Gonzalo: Hasta ahora el Viejo Padre ha viajado montado en su Potrillo y lo ha dirigido como le ha dado la gana… Ya es hora de que el potrillo se encabrite y que arroje de su lomo al Padre o que lo lleve hacia lo Nuevo! ¡Soltad a vuestros Muchachos, que Vuelen, que Corran, que se Desboquen! Creo que las escupidas contra Polonia (¿ha sido tan delicioso hasta ahora el Destino de los Polacos?) son más un intento de reafirmarse al margen de algo que una falta de amor, a qué si no que Witoldo siguiera siempre escribiendo sus libros en polaco.
Incomprensiblemente, porque no soy fan, (aunque Cosmos me gustó mucho y los Diarios también) tengo todos los libros de Gombrowicz. En francés. Comprados en Bélgica, así que me imagino que me aburría mucho allí. Años más tarde una señora polaca a la que quiero mucho y a la que tengo un poco descuidada me regaló en Buenos Aires, durante mi propio exilio argentino, algunas de las traducciones de Sergio Pitol. Como corresponde a su estatus de escritor para esnobs, sólo lo vais a encontrar a precios sushi.

Por fuera del libro:
Gombrowicz es una de esas vacas sagradas de la modernidad a la que muchos escritores le rinden pleitesía y reverencia. Gombrowicz, que anduvo exiliado en Argentina 24 años (Soy un pobre emigrado enterrado vivo en la Argentina, dijo) donde fue pobre y se rodeó de poetas jóvenes de Tandil, porque las vacas sagradas de la literatura argentina de la época no le hicieron caso. Con Borges se llevó fatal, ahí queda de recuerdo el duelo a citas de Trans-Atlántico que según Piglia no es con Borges sino con Eduardo Mallea (ya estoy hablando como esas mismas vacas sagradas de allá adictas a las referencias literarias, Gombrowicz se reiría de mí). A mí me gustan más Schulz o el majareta de Witkiewick, con quienes se mete a Gombrowicz en el saco de una supuesta mosqueteridad. Vosotros leed y ya me pasáis vuestras preferencias.

Trans-Atlántico en polaco

Trans-Atlántico en español

Una referencia bonita

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