Ruta de sangre. Salvador Reyes

Ruta de sangre_Salvador Reyes

Una cita: Nosotros no buscábamos un Imperio, sino la alegría de las torres incendiadas, el florecimiento de los escombros, el fino arroyo de sangre que el sol aspiraba voluptuosamente.

¿La vida? ¡En buena hora la perdería peleando!

¡Una novela de piratas! El océano, la naturaleza salvaje, la asechanza de los barcos enemigos para llenar la vida. ¿Qué hay en Ruta de sangre? 150 Hermanos de la Costa embarcados en el Ray of the South. Ingleses. Sangrientos. Piratas. Contra el Virreinato. Arrasando la ciudad de Panamá y luego Perú y luego la costa chilena. El capitán Sharp y su segundo, Watling. Roberto de Guzmán, un huérfano bautizado en alta mar, que pasa su infancia convencido de que en Arica se conservan los tesoros de los príncipes incas; luego se hace monje mercedario y termina prisionero el barco corsario. Una mujer blanquísima y rubia prisionera que lee la buenventura. Estrellas perdidas en la impiedad del cielo profundo. ¿Qué más queréis? Ruta de sangre da lo que promete. No es alta literatura pero es un alto ratito.
Impresiona sobre todo la terrible indiferencia de los piratas hacia la muerte. Me colecciono esta frase: Cuando tú escribas nuestras hazañas, nosotros ya estaremos en el fondo del mar, y nuestras calaveras se reirán de ti y de todos los que lean tus papelotes.
No es fácil encontrar los libros de Santiago Reyes, supongo que será más fácil en territorio chileno. Inexplicablemente son más asequibles traducidos al francés. Salvador Reyes, diplomático y novelista marítimo, que en sus años parisinos fue amigote de Pierre MacOrlan y de Blaise Cendrars. Qué buen trío. ¿Qué tres escritores así se podrían juntar ahora?

Por fuera del libro:
Un libro siempre te conduce al menos a otro libro. Se entretejen caminitos en los estantes. Y de Nocturno de Chile llegamos a Salvador Reyes, aquél de quien Ernst Jünger en su Diario de guerra y ocupación escribió: «L’équipage de la nuit», de Salvador Reyes, el cónsul de Chile. Reyes, con variaciones sudamericanas, se inspira en los narradores anglosajones de fin de siglo, como Kipling, Stevenson y Joseph Conrad, cuyo estilo puede resumirse en tres palabras: romántico, puritano y planetario. Entre las imágenes de su prosa, me llamó especialmente la atención aquella de las estrellas que aparecen en el cielo en una noche de tormenta: brillantes, como pulidas por las nubes. Aunque meteorológicamente es falso, desde el punto de vista de la poesía posee mucha fuerza. Entre sus frases: «Es el amor de las mujeres lo que forma el carácter del hombre». Sí, pero nos forman como el escultor modela el mármol, sacándonos los pedazos que les sobran. «L’équipage de la nuit», Los tripulantes de la noche, es un bonito libro de cuentos marineros. Leedlo.

Ruta de sangre en pdf

Salvador Reyes entrevistado por Jorge Teillier

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