París era una fiesta. Ernest Hemingway

Paris era una fiesta_Ernest HemingwayCitas:  I learned never to go on trips with anyone you do not love.

I felt the death loneliness that comes at the end of every day that is wasted in your life.

In those who make jokes in life the seeds are covered with better soil and with a higher grade of manure.

All you have to do is write one true sentence. Write the truest sentence that you know.

Leer este libro es una delicia: está lleno de alegría de vivir, de aprecio por el trabajo bien hecho, del sabor salado y metálico de las ostras, de chismorreos literarios y de amor juvenil correspondido. París era una fiesta supura disimuladamente amor por Hadley Richardson, y no hay nada que nos guste más en Hemingway que la cursilería disimulada bajo capas y capas de hombría para él indiscutible.
¿Se puede volver a editar el pasado? Oh, sí. Cuando Hemingway en el prefacio dice que París era una fiesta puede ser considerado ficción, está diciendo que él también puede ser considerado ficción. Hemingway se construye siempre solito el mito de sí mismo pero lo hace tan bien que bien podemos adorarlo en sagrada reverencia. Es complicado no reinventarse la realidad cuando te pasas la vida construyendo literatura; los estados en los que hay que sumirse para crear historias conllevan que el sentimiento por esas mismas historias cambie como las nubes en el cielo, aunque en los cielos de los escritores cuando una situación se recrea no se falsea, se exalta, y cada sentimiento sucesivo es verdadero. Como cada vez que Scott Fitzgerald le contaba a Ernest la historia sobre el aviador francés del que se enamoró su esposa Zelda, la historia mejoraba pero nunca era tan triste como la primera vez que Hemingway se la escuchó en Lyon, y quizá por eso era la versión que él consideraba más verdadera.
A lo que iba: a Hemingway le hubiera gustado ser verdaderamente un escritor pobre y bohemio y que sofisticadamente se imbuyera en la vida parisina, pero como no lo pudo ser (Hadley tenía dinero de sobra y Hemingway siempre siguió siendo rústico y fácilmente escandalizable), se lo inventa. La vida que le parecía francesa a Ernest consistía en conocer a los camareros por su nombre y beber vinos del país, cosa a pesar de ingenua envidiable; si a eso se le añade enseñarle a Ezra Pound a boxear (ojalá le hubiera enseñado mejor, nos habríamos ahorrado la mitad de los Cantos), llevar a Scott Fitzgerald a recorrer el Louvre para que comprobara por comparación con los cuadros y las estatuas que su pene tenía un tamaño aceptable, corregirle los textos insoportables a Gertrude Stein, observar las gabarras del Sena y a los pescadores acodado en los puentes, apostar a caballos perdedores y ganar, querer mucho a una mujer que lo quería mucho, tener un gato niñera que nos cuide del chiquillo y una señora que venga a prepararnos la cena, quién no hubiera querido ser Ernest Hemingway e irse a vivir al París de los años 20 a hacerse el bohemio falso y entrenar para ser escritor y encontrarse por la calle con James Joyce o Blaise Cendrars.
París era una fiesta se titula en realidad Una fiesta portátil y os aseguro que no es la única licencia que se toma el traductor, al que compadezco porque traducir a Hemingway debe ser uno de los placeres más dolorosos que existan (los que sepan inglés que lo lean en inglés que sí es una fiesta). Este libro empecé a leerlo en Cádiz, donde termina la Alameda Apodaca y empieza la calle Honduras, sentada en la piedra ostionera, y lo terminé en El Vellón, en la sierra madrileña. Los que no viajan se lo pueden leer en un solo lugar de una sola tacada (a la sombra de un ombú o de una higuera) y quedarse soñando vidas pasadas posibles.

Por fuera del libro:
En el año 56 Hemingway recuperó un baúl de Vuitton que había dejado en el Ritz a su marcha de París donde andaban los cuadernos escolares en los que chapoteaba mientras se bebía sus cafés crème y sus otras porquerías en la Closerie de Lilas, y así nació este libro que nunca pudo terminar y se publicó a su muerte por suerte para él porque es desleal con todos sus prójimos menos con su ex mujer Hadley, que es mi esposa de Hemingway favorita, no porque fuera la primera y fuera pelirroja y tuviera ocho años más que Hemingway o porque perdiera toda la obra del escritor incipiente en una estación o porque Ernest siempre se arrepintiera de portarse mal con ella y haberla abandonado, sino porque siempre quedó flotando en los libros de Hemingway como figura dolorosa de mujer a la que se amó mucho y por la que se siente nostalgia porque se la sabe irrecuperable. Además Kittredge, la protagonista de El fantasma de Harlot, lleva su hermoso nombre, que significa brezal.

París era una fiesta en inglés

París era una fiesta en español

Una referencia bonita

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