Ocnos. Luis Cernuda

Citas: Para un andaluz, la felicidad aguarda siempre tras un arco.

Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza.

Aquella misma sensación de lo inusitado, de la sorpresa, que embargaba el alma del niño y despertaba en él un gozo callado, desinteresado y hondo. Un gozo que ni los de la inteligencia luego, ni siquiera los del sexo, pudieron igualar ni recordárselo.

Qué señor tan triste, Cernuda, la desolación de la quimera hecha carne. De anhelos, exilios, destierros, nostalgias está hecho Ocnos, pero de anhelos, exilios, destierros y nostalgias que fueron siempre de Cernuda, antes de irse a países lejanos y brumosos, antes de abandonar patrias, antes de escribir Ocnos. Su mundo de niño se construía de la tristeza que da el hambre insatisfecha por lo extraño y distante (eso mismo que reconcomía a Törless, aunque sin la elegancia decadente de Cernuda, o digámoslo así, sin la tendencia andaluza al drama exacerbado). Y su mundo de mayor se construye de la nostalgia por esa tristeza del tiempo infantil en el que la ensoñación revestía de posibilidad de que fuera verdad o mentira lo que aún no se había no tenido, lo que aún no se había desconocido. Por algo los poemas reunidos de Cernuda se titulan La realidad o el deseo: Cernuda elige siempre el deseo y las soledades chiquitas aunque luego le pesen (a la soledad la llama Isla feliz adonde tantas veces te acogiste). Los que se acostumbran a vivir en un mundo en el que lo que consuela de la vida no es la vida sino sus detalles inesperados, están mejor sentados haciendo de espectadores.
Ocnos es un libro que nació chiquito y que Cernuda fue llenando luego de cuentitos nuevos y que podrían resumirse con un verso de Machado: Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla. Mis preferidos: La poesía, El miedo, El bazar, La casa, Maestro, El tiempo, Pregones, El piano… todos los que hablan del niño poeta, del niño asombrado, del niño que mira con reverencia y recoge cachitos de Sevilla, de la campiña, del mar gaditano, de una Andalucía antigua que me recuerda a mi propia niñez y mis propios enmimismamientos. En algún sitio Luis Cernuda dice algo parecido a esto: de pequeño solo, triste, apartado, pensativo. De mayor solo, triste, apartado, pensativo. Y es que a los que se nos hace un mundo el mundo y sólo sabemos observar lo insólito y crecerle misterios por dentro, ya apuntamos maneras desde siempre.
Por suerte en esta tierra bendita se siguen haciendo esas cosas rellenas de cidra o de crema de boniato de las que habla Cernuda: me he visto obligada a comerme una mientras leía.

Por fuera del libro:
Los tentáculos de los herederos son alargados y no he podido encontrar copias electrónicas completas del libro. Eso, o que nadie lo lee, que será lo más probable. De todas maneras cuando cuelgo aquí los libros no es para promover su triste lectura digital, sino para que se os antoje tenerlos con su portada y sus hojas de papel. Compradlo, dobladle las esquinitas de las páginas, lo he visto muchas veces de segunda mano.
A lo mejor tendría que hablar del exilio mexicano de Cernuda y de sus exilios previos en Francia, Reino Unido, universidades del este norteamericano, pero no lo haré porque me voy a acordar de mis propios exilios y para eso están otros lugares.

Cachitos de Ocnos

Una referencia bonita

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