Memorias de África. Karen Blixen

Fuera de Africa_Karen BlixenCitas: There  is a particular happiness in giving a man whom you like very much, good food that you have cooked yourself.

Come now, I said to him, and let us go and risk our lives unnecessarily.

Memorias de África es una elegía, un llanto mortuorio por un mundo que se ha perdido, el canto funerario por una época terminada que se vivió con la intensidad con la que se mascan siempre la reconcentrada alegría y el reconcentrado dolor. Qué delicia que alguien con una vida sinfonía o tragedia en cinco actos (como dice Karen Blixen, vidas que no pueden repetirse da cappo, como una arietta) sepa escribirla y transmitir su modo de ver los goces y tristezas de las cosas que dejaron de existir. Creo que el cogollo de la bisagra del fin del África de Karen Blixen es la muerte de Berkeley Cole, y ella lo dibuja muy bien diciendo que su desaparición fue como cuando un gato carismático se levanta y abandona la habitación, como cuando al pan cotidiano le falta la levadura: desaparecen la gracia, la alegría, la libertad, la chispa eléctrica que lo enciende todo. Los adioses, qué feos son, pero qué necesarios para que luego en la lejanía todo brille como la cristalería en la que bebieron los amigos que Karen Blixen prefiere destruir antes que vender cuando tiene que desmontar su casa.
La apariencia descuidada de Memorias de África y sus repeticiones son parte de la composición. A mí se me parece a la 5ª de Tchaikovski, claro que yo no soy de fiar en mis símiles. Kamante el chiquillo sufriente de las llagas luego cocinero de gracia endemoniada, la antílope Lulu, la hija mimada de la casa con sus ojos de cervatilla y su cascabel, Farah el mayordomo somalí con sus turbantes de seda estampada, Esa el cocinero envenenado, el viejo Knudsen (que me recuerda a las novelas de Knut Hamsun), el jefe Kinanjui envuelto en su túnica de piel y su Rolls Royce escarlata, van apareciendo con sus frases musicales en las cinco partes del libro. Y las vírgenes somalíes y las viejas kikuyu y Charles Bulpett, el que cruzó el Helesponto y se arruinó en seis meses por causa de la Bella Otero y Lord Delamere, el colonialismo británico hecho señor.
Mis cosas favoritas: la nostalgia transpirada en ese modo de escribir tan maravilloso de la Blixen, el transporte para las tropas que hace Karen Blixen durante tres meses, sola por la reserva masai con sus sirvientes mientras las otras mujeres blancas estaban confinadas, disparando su rifle en nombre de Dios para que pudieran comer los animales asesinados los musulmanes; el actor Emmanuelson con su gabán negro cruzando solo el desierto con una botella de Chambertin 1906 y unos huevos duros; la piedra de molino venida de Bombay que sirve de mesa en el jardín; la jirafa muerta en la reserva y las jirafas apresadas en el puerto de Mombasa como símbolo de lo que desaparece con dolor; la concepción de que todo lo que hacemos puede ser un arte. Detesto cuando matan a los leones sin ton ni son.
Memorias de África no es una novela de amor romántico, nadie le lava el pelo a nadie a la orilla de ningún río. Olvidaros de Sidney Pollack antes de abrir este libro tan hermoso sobre cómo se pueden cazar por la noche leones entre dos si uno lleva un farol y el otro el rifle, sobre cómo los guerreros masai se alimentaban de sangre y leche de su ganado, sobre cómo Finch Hatton y Berkeley Cole, esos hijos mimados de Inglaterra, empezaron el negocio de los safaris en Kenya, sobre cómo de emocionante puede ser empezar el año viendo a Venus y a Júpiter juntos en el cielo.
No sé a quién se le ocurrió traducir Out of Africa por Memorias de África en España o África mía en América Latina, pero espero que ambos hayan pagado su delito moral en largas y horrorosas noches de arrepentimiento. Para los espíritus políticamente correctos puede que resulten insoportables las maneras raciales de la colonia que retrata la baronesa Blixen. Ella, a pesar de que en su tiempo fueran escandalosos su respeto y su trato con los nativos, era una propietaria blanca con sirvientes y aparceros esclavos. Claro que a mí me parece más escandaloso y vergonzoso que un siglo después sigamos viviendo en una sociedad igual de explotadora e injusta pero disfrazada de moderna. Si está bien escrita, la realidad no importa nada. Y claro que hay testimonios peores: T.E. Lawrence con todos sus laureles era un racista de la peor calaña, lo que destiñe su fabuloso relato desértico con manchurrones de perplejidad.
Ésta ha sido la primera vez que me he leído Memoria de África en inglés. La traducción de Barbara McShane y Javier Alfaya publicada por RBA está muy bien, pero nada como el original: el inglés de Karen Blixen es una taza de té contra la tormenta.

Por fuera del libro:
Isak Dinesen escribió por suerte otros libros. Sombras en la hierba es el ahondamiento de Memorias de África. Un mini libro bien bonito. Igual que ella tenía una granja en África yo tuve un librero, que me consiguió los Cuentos Góticos y los Cuentos de invierno en ediciones a precio sushi. Dos de mis enfants terribles predilectos, Orson Welles y Hemingway, eran tremendos fans de la Blixen, que pasó 17 años en Kenia: llegó con 28 años del brazo de su marido y primo en 1914 y se fue en el 31, sola. El verdadero Denys Finch Hatton nada tenía que ver con Robert Redford, o si acaso tenía que ver con el Robert Redford de otra película de Pollack, The way we were, ése que todo lo conseguía siempre fácilmente. Finch Hatton era un cachorro aristocrático más inglés imposible, cazador de altura y ex alumno deportista de Eton y Oxford, recitador de versos griegos y latinos, del que se enamoraron mujeres grandiosas como Karen Blixen o Beryl Markham, la primera piloto que cruzó el Atlántico y que luego fue, atención, novieta de Saint-Éxupery y escribió West with the night, un libro del que Hemingway dijo que estaba tan maravillosamente escrito que le hacía avergonzarse a él de su propia escritura. Aquí está en la montaña de libros de carne y hueso, llegado como tantos otros dentro de un sobre de papel manila. Veremos cuál de las amantes de ese Finch Hatton escribía mejor.

Fuera de África en inglés

Fuera de África en español

Una referencia bonita (Karen Blixen poniéndose y quitándose los guantes)

Esta entrada fue publicada en Libros, Literatura danesa, Literatura inglesa y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *