Los hermanos Tanner. Robert Walser

Los hermanos Tanner. Robert Walser

Citas: Un artista desdichado es como un rey desdichado.

Nosotros sí que vemos cosas bellas; no os afanéis, ojos de los demás humanos, nunca veréis lo que nosotros vemos.

Pronto tu cabeza me parecerá la mía, a tal punto que ya estás dentro de ella; tal vez de aquí a un tiempo, si la cosa sigue así, acabaré cogiendo cosas con tus manos, corriendo con tus piernas y comiendo con tu boca. 

Hay novelas caviar, como Los hermanos Tanner. Al menos yo he sido muy feliz tragándome a cucharadas o bolita por bolita su extraña deliciosidad. Eso sí, están todos como las cabras de Heidi, será por ser suizos y andar por los montes. Si no os gustan las personas que pasan su vida en éxtasis por cómo cae la miel en la tostada o el sol en el horizonte, si os sacan de quicio los inadaptados exaltados capaces de caminar toda una noche por el placer de caminar, si no comprendéis a los que deciden apearse de la vida y soñar por los rincones, ni os molestéis en leerlo; aunque Walser escriba muy bien os vais a enfadar porque a Simon, que tiene la moral social de una chirla, le salgan siempre al paso los deus ex machina que quedan seducidos sin remedio y sucumben porque de él emana un deseo de preguntar y sorprenderse, un deseo intenso de saber algo sobre usted. Ha de haber en usted algo profundo que nadie parece advertir porque usted mismo no hace el menor esfuerzo por ponerlo en evidencia y darle brillo. Tal vez también los que se toman todo muy en serio se enfaden porque Walser escribe y vive sin esfuerzo y como le da la gana sobre lo que le da la gana. Pues que sepáis que Walser piensa que la seriedad excesiva y sagrada con que se aborda una cosa puede y debe dañar forzosamente a la cosa misma.
No os engañéis, Simon y su autor parecen mansitos e inofensivos pero son demoledores: destroza más el que se queda al costado oliendo manzanas, nueces y caminando por la nieve que el que enarbola la bandera de protesta. El desasosiego extremo no tiene otra salida que el abandono del trencito de la normalidad. No haces sino deslizarte por los rincones y hendiduras de la vida, le dice a Simon Karl, el hermano serio y aún así un poco pallá. Simon Tanner,  que tiene menos gorriones que un pajar ardiendo como decía mi abuelo, renuncia a toda posibilidad y a todas sus cualidades, prefiere quedarse extasiado ante un misal agarrado por la mano voluptuosa de su patrona o por esas ensoñaciones que le nacen de observar, andar siempre fuera, en el frío, con los cuellos del abrigo levantados, esperando ante la puerta de un jardín con el corazón palpitante, acudir cuando necesita dinero a ese hallazgo literario que es la copistería para desocupados, donde los desharrapados sociales hacen de amanuenses copistas cuando todavía se escribía todo a mano.
Tal vez lo que conmueve de Robert Walser y de sus personajes sea su manera de quedarse en la superficie a sabiendas, su necesidad de estar cerca del suelo y sentirse oriental (en Suiza a los que eligen vagar al azar y no ser respetables ciudadanos los considerarán poco menos que salvajes o al menos holgazanes). Yo me hago la resabiada, pero encajaría perfectamente en una novela de Walser. Las mujeres de la novela (extraña mezcla de necesidad de ternura y ganas de sentirse constantemente amenazadas por algún peligro grave) no le andan a la zaga a Simon: lloran de sentimiento y se exaltan de felicidad en la longitud de una sola frase, pasean con vestidos rojos y galgos atados de traíllas de cuero, quieren salir corriendo dramáticas a Italia y luego deciden que no, que mejor se quedan siendo maestras en el campo y se ríen, se casan con científicos suizos calvos y luego se dejan seducir por armenios morenos y abandonadores.
Alfaguara editó Los hermanos Tanner en español en el 85 en esa colección morada y gris en la que también andaba Cerca del corazón salvaje. Antes podías comprarlos de segunda mano por nada; ahora como a la Lispector y a Walser los publicó Siruela, es imposible encontrar esos libruchos baratos ni aún con el canto sujeto con cinta adhesiva. Id y sacadlo de la biblioteca del pueblo, que gracias a la tilinguería digital anda desierta.

Por fuera del libro:
Robert Walser decidió morirse igual que el poeta Sebastian se muere en Los hermanos Tanner, paseando por la nieve. Creo que nadie puede tomarse su propia muerte y su propia obra tan a broma. Una cena de Navidad con los hermanos Walser cuando estaban todos sin suicidar te la regalo.
Ya hemos hablado de Jakob von Gunten.

Los hermanos Tanner en alemán

Los hermanos Tanner en español

Una referencia bonita

Esta entrada fue publicada en Libros, Literatura alemana, Literatura suiza y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Los hermanos Tanner. Robert Walser

  1. Atenea dijo:

    Me ha gustado muchos mucho.Leere todo lo que encuentre de R.Walser.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>