Los emigrados. W. G. Sebald

Los emigrados. W. G. Sebald

Una cita: El sufrimiento del alma prácticamente no tiene fin. Cuando se cree haber alcanzado el último límite, siempre quedan aún nuevos tormentos. Caemos de abismo en abismo.

Leed Los emigrados y empezaréis a ver el mundo poblado de fantasmas emigrantes que van arrastrando sus pies por el desvalimiento del exilio. Sebald, un exiliado por elección, un viajero que se permite el lujo doloroso del desarraigo moral, se dedica en Los emigrados a visitar a cuatro simpatrias con un cazamariposas atrapador de memorias y recuerdos (el cazamariposas aparece como verdadero atrapador de bichos voladores en todas las historias, buscadlo), creo que no sólo para romper esa ley de silencio y de entierro de la memoria que eligieron los alemanes como vía de la desvergüenza después de la guerra, sino para ligar su caza del tesoro de los recuerdos de los otros con la caza del tesoro de sus propios recuerdos y no desaparecer también él diluido en sus movimientos migratorios. Porque el que abandona el espacio que en principio le estaba destinado por nacimiento, por las razones que sea, abandona también la identidad que le estaba destinada. Y así, nos cuenta Sebald, los que ruedan, cuando pasan los años, se aferran con melancolía a la evocación de los objetos de su infancia o del camino que seguían hacia la escuela. La nostalgia por lo que no puede recuperarse es la peor de las carcomas y por mucho que uno se aclimate lo terminan ahogando la pena irremediable y el desconsuelo. Sebald es capaz de cruzarse países y océanos con tal de arrancarle su historia a alguien que trabajó de pinche para ahorrar e irse a la Suiza romanche porque una vez un relojero de paso por la fonda de su pueblo cantó las alabanzas de ese lugar o para que le regalen los cuadernitos de notas en que madres y tíos abuelos muertos apuntaban sus nostalgias, las madres y tíos abuelos que se murieron pidiendo permiso para retirarse cuando no pudieron reconciliarse con el lugar del mundo distinto al suyo primero donde terminaron viviendo.
Los emigrados siempre tienen historias guardadas que contar, que suelen ser justamente las que intentaron olvidar cuando tuvieron que marcharse: Sebald sabe elegir a sus confidentes entre lo más granado de los excéntricos.
Otras veces habré dicho que cuanto mayor es el aparato crítico crecido a la sombra de una obra más cuestionable me parece la obra en sí. Desde que W.G. Sebald murió, incluso antes, una cohorte de señores husmeadores con chaqueta de tweed había empezado a encumbrarlo como el nuevo noséqué o el heredero de noséquién. Otras veces habré dicho que al pairo dejamos nuestra vela cuando soplan los vientos desde los pasillos de los modernos y que el peso de un libro es directamente proporcional a la emoción que te da leerlo y a las ganas que te entran de meter billetes de autobús entre sus hojas. Sebald prepara cócteles literarios más propios de un blog que de una novela; no todo el mundo puede hacer lo mismo, y lamentablemente su manera de escribir mezcla de diario de viaje, narración y exhibicionismo (aunque estoy segura de que hace trampa muchas veces y como buen escritor literaturiza todo, es decir, inventa y miente), la practican muchos que no tienen ni la séptima parte de la capacidad de evocación y la mirada triste que W. G. Sebald sabe derramar a su alrededor, ni hablemos de su gloriosa sintaxis. Digamos que Sebald es el Willem de Koonig de la literatura y que un montón de manchurreadores de páginas se escudan en eso para molestarnos con su basura literaria.

Por fuera del libro:
Si no podéis comprar libros de Sebald porque salen caros (menos Austerlitz que está en Anagrama de bolsillo), sacadlos de la biblioteca como hago yo, que para eso está. Esta vez no contaré ningún chismorreo, sólo que Sebald escribía poesía modernucha, porque estoy leyendo Los anillos de Saturno y ahí sí levantaré las alfombras.

Los emigrados en alemán

Los emigrados en español

Una referencia bonita

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3 respuestas a Los emigrados. W. G. Sebald

  1. Quiero leer a Sebald desde hace tiempo. Ahora lo quiero más.

  2. Ana María dijo:

    No es una novela lo que escribe Sebald, son anotaciones y está clarísimo que al autor o autora de este artículo no le gusta, parece ser una persona que no ha experimentado los diversos sentimientos que tan bien sabe relatar Sebald, la nostalgia, el desarraigo,la soledad.

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