Las partículas elementales. Michel Houellebecq

Las partículas elementales. Michel Houellebecq

Cita: Il est vrai qu’il avait toujours eu tendance à confondre le coma et le bonheur.

Las partículas elementales no es un libro, es un catálogo, y Houellebecq no es un escritor, es un vendedor de mala mercancía. Los que amen a este señor que escribe como si escribir fuera descongelar una pizza, pueden dejar de leer ipso facto. Los que no lo hayan leído todavía, concédanle la oportunidad de que los decepcione y luego vengan a vomitármelo encima, recibiré su asco encantada.
Todos tenemos basura en casa. Cada uno tiene sus propias maneras de deshacerse de ella. El estilo del señor Houellebecq para deshacerse de su basura es meterla en una bolsa que ni siquiera se trajo del supermercado, sino una bolsa que se encontró en un basural, rota, sucia, descolorida, dejarla en el cubo cinco días y luego, cuando le apesta la casa, colocarla en la puerta del vecino para que él se encargue de tirarla. Y a esto lo llaman provocación, cuando el señor Houellebecq no es capaz de provocar ni a una monja clarisa, porque la escritura del señor Houellebecq no tiene corazón ni tiene alma y ni siquiera es lo suficientemente buena como para poder permitirse ser desalmada o descorazonada. Las partículas elementales, escrito por un Céline o por un Gide, sería un verdadero dolor, una verdadera patada en los huevos morales, sería literatura: basura elegantemente embolsada aunque lo suficientemente abierta como para impregnarte el alma de horror. El libro de Houellebecq no despierta angustia sino aburrimiento, el mismo aburrimiento que angustia a sus protagonistas (que el trastorno metafísico de unos personajes nazca del aburrimiento ya da una medida de su profundidad). Lo único que provoca Las partículas elementales es esta inquietud: si Houellebecq es el que conmueve e interesa a la masa y hace crecer dentro del sistema las dudas sobre el sistema, ¿qué será de nosotros?
Imagino que Houellebecq quería que el lector al leer se preguntara: ¿Al final era esto, la vida? ¿Para esto era, la vida? ¿No era sagrada, la vida? ¿Dónde quedó la belleza? ¿Dónde el respeto si no por la trascendencia, al menos por el dolor? ¿Dónde queda la grandeza? Lo consigue pero por carambola, por pena infinita hacia él. ¿Es lo que él cuenta, la vida? Déjenme pensar que no, déjenme que conserve el triste gramo de fe que me queda.
Houellebecq no sufre, está anestesiado, como Michel Djerzinski, como Bruno Clément, los medio hermanos protagonistas que sufrieron en vano. El sufrimiento siempre es en vano, podrían decirme ustedes. También es en vano el hedonismo para microondas envuelto en plástico de Bruno. También es en vano la ataraxia científica tan poco científica de Michel. Para Michel tener una crisis definitiva es pasar cinco días recluido en la cama contemplando un radiador de agua. Cuando se pasa el malestar existencial porque llega el hambre, se cruza al supermercado y se compra salami y una caja de botellas de vino y hala. Ni menciono la salida ciencia ficción por peteneras porque me da la risa. Y si lo que escribe Houellebecq es pornografía yo soy la reina Palmira.
Las mujeres de este libro son grandiosas, desaprovechadas, inteligentes, sensibles, enfermas de cáncer y suicidas, normal si se considera que los hombres las tratan como a sacos de humores que al contrario que la literatura de Houllebecq para valer sí deben presentarse dentro de bolsas hermosas. Las mujeres de este libro son penetradas por otros, porque a los protagonistas no les llega ni la vida ni la energía ni el impulso porque no tienen corazón, no tienen sangre, están tan poco vivos como el canario de Djerzinski.
Casi que siento que en vez de Las partículas elementales Houllebecq no haya escrito verdaderamente el libro de Bruno sobre la isla habitada solo por mujeres desnudas y perritos alegres donde los árboles dan fruto todo el año y lo hubiera titulado La posibilidad de una isla.

Por fuera del libro:
Cuando a Houllebecq le dieron el Goncourt por El mapa y el territorio, me preocupé por la salud de Bernard Pivot. Que un país en el que el amor por el idioma es identidad se rinda ante la escritura de alguien que trata con tan poco respeto a ese mismo idioma, me turbó. Que Houllebecq sea considerado enfant terrible me indigna, porque aunque sus inclinaciones u opiniones personales fueran realmente escandalosas (solo lo son porque  la corrección política cada día ajusta más los cordones del corsé), lo que importa son los libros que escribe. Un novelista inglés del que un día hablaremos dijo de este libro que es caza mayor y no disparzuchos contra conejitos. No creo que haya visto demasiados leones, rinocerontes y leopardos en su vida.

Las partículas elementales en francés

Las partículas elementales en español

Una referencia bonita

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7 respuestas a Las partículas elementales. Michel Houellebecq

  1. Luis Miguel dijo:

    Qué de acuerdo estoy contigo… Lo que no entiendo es por qué son tres los libros que llevo leídos de este señor: éste, Ampliación del Campo de Batalla (el peor personaje que he visto en mi vida) y otro de un policía alemán en Canarias del que no recuerdo el título.
    Debe ser porque siempre pienso que el río lleva agua, aunque no sea el caso.

    • loulouleelee dijo:

      Yo leí Plataforma. Y éste lo he vuelto a leer para escribir la reseña. Yo sí sé por qué lo leo: porque soy una esnob y me gusta poder decir que es una soberana porquería, y para eso necesito conocimiento de causa.

  2. Feliz dijo:

    Creo que lo que dice te ha hecho daño, yo tuve que parar de leer, me quitaba energía, me deprimía, no podía seguir. Creo en parte me sentía identificado y cada uno se equilibra como puede, no creo que haya nadie que no tenga su pequeña mentira vital, su renuncia, su forma de estar vivo, y yo no puedo permitirme esta crítica. Vale, todo es un mierda, y luego qué…jodé.

  3. loulouleelee dijo:

    Houellebecq además de ser un pésimo escritor escribe sobre basuras poco hermosas, porque hay basuras hermosas. Un buen escritor puede sacar oro de los churretones más repugnantes, pero no es el caso. Resguardarse en que todo es una mierda para fabricar más mierda, pues no me parece, para eso que se haga asesino en serie y no novelista. Y no tengo nada más que decir.

  4. Pingback: Las partículas elementales de Michel Houellebecq – Apuntes Breves « Raul Barral Tamayo's Blog

  5. Muy Matrera dijo:

    Pésimo escritor Houellebecq, sobrevalorado por quienes no se adentran a las bellas profundidades de la literatura. Es un libro simplón, pretencioso, con personajes deslavados, de ritmo muy irregular, parte como caballo de carrera y llega como diligencia de pueblo apenas, siendo una verdadera tortura terminar de leerlo.
    Houellebecq no le llega ni a los talones al gran Céline.

  6. Jaime dijo:

    dios mío, estoy tan de acuerdo con esto… y me he fumado casi todos los libros de este hombre para llegar a esta conclusión: este hombre es una trampa, es mentiroso, los libros están vacíos

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