Las lagartijas huelen a hierba. Cristina Sánchez-Andrade

Las lagartijas huelen a hierba. Cristina Sanchez-Andrade

Cita: Una niña azul y un niño sordo cavan una fosa en el jardín.

Las lagartijas huelen a hierba es un libro misterioso y cruel, pura malignidad y belleza del campo. Yo lo resumiría así: el diablo está en Cantillana urdiendo la tela y tramando la lana. Me recuerda un poco a esos cuentos perversos que leía de niña de dos tomos viejos que había en la biblioteca con las versiones verdaderas y truculentas de Andersen y de Grimm, con hermanastras frustradas que se cortaban con un cuchillo una un talón y la otra los dedos para que les entrara el zapatito y doncellas repudiadas por sus padres encerradas dentro del tronco de los árboles, y también un poco a los sucesos de El Caso pasados por el cedazo de El viaje de Chihiro. En Las lagartijas huelen a hierba hay una casa y un paisaje como pintados por un niño, con su montaña naranja y su higuera verde; hay un río, ranas destripadas, niños enterrados vivos, una madre encerrada en un desván, un armario lleno de vestidos de mujeres muertas, un cura, un señorito pervertido que encanta a los niños con horchata, el mar lejano y cuna.
Libro tesoro oculto, lo llaman. Intrépida escritora, dicen de Cristina Sánchez-Andrade. Y hacen tiradas en chiquito como si tuviéramos una Clarice Lispector que viniera a tomar el té a escondidas de los vecinos. ¿Tan hueras son sus experiencias literarias, tan llenas de libros de estación de autobuses como para sorprenderse de que alguien escriba un librito como dios manda? Aunque es inquietante la limpieza de la violencia rural, es bonito leer en un libro cómo todavía existe alguien que sabe lo que es desenvainar guisantes y hacer mermelada casera de limón o aguardiente de uva pocha, es bonito leer la caída lujuriosa de los higos maduros reventados contra el suelo como tripas de animal (cito de memoria), porque así nos acordamos de los higos verdaderos de higueras verdaderas que vimos caer. Es bonito leer cositas como bayeta, lengua de buey que todo lo absorbe cada puntada era un bálsamo para las asperezas del alma. Las lagartijas huelen a hierba es chiquito y se lee en una tarde, creo que da más miedo y más ternura leerlo al sol que en la tormenta.

Por fuera del libro:
Cristina Sánchez-Andrade tiene otros libros y parece que son todos así, así que los leeremos casi todos. Si alguien conoce la canción del Oh gran capitán, oh gran capitán de los mares, oh capitán de Luxemburgo que me lo haga saber, que la quiero escuchar.

Las lagartijas huelen a hierba (cachitos)

Una referencia bonita

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3 respuestas a Las lagartijas huelen a hierba. Cristina Sánchez-Andrade

  1. Soledad dijo:

    Se conseguirá por estos lares? dan ganas de leerlo ahora que viene el veranito…

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