Las cosas. Georges Pérec

Las cosas_Georges Perec

Citas: Vais-je intriguer, vais-je mordre mon frein, moi qui rêvais de poésie, de trains de nuit, de sables chauds?

Des millions d’ hommes, jadis, se sont battus, et même se battent encore, pour du pain. Jérôme et Sylvie ne croyaient guère que l’ont pût se battre pour des divans Chesterfield.

Las cosas es una burla triste, la descripción de un mundo en el que se tienen relaciones serias y definitivas con la lavadora y el jabón en polvo, la marca que se elige de mostaza, la forma y el color de las cortinas, el cabecero de la cama, un mundo en el que importa mucho qué zapatos lleves o cómo esté tapizado tu sofá. Las cosas es una especie de tratadito sociológico escrito casi en su totalidad en pretérito imperfecto, pero no os hablaré de eso tan aburrido. Los protagonistas Jérôme y Sylvie no son nada, se definen (cito) por su vocación del bienestar, por su frenesí de poseer. Aunque también son su amor por las cosas bonitas, y eso es lo que me gusta de este libro y lo que sí os contaré porque no me cansaría jamás de hablar de la relación que se establece con algunos objetos, con algunas cosas. Objetos que nos hablan y se anhelan, cosas que al atesorarlas nos definen como lo que somos y construyen la casa que nos acoge al llegar a casa. (Yo creía erróneamente que yo no sería yo sin mis teteras y mis tazas azules, sin mis colchas mexicanas, sin mis cajas de marquetería polaca, pero ésa es otra historia.) Todo el libro es un exceso y un prodigio de enumeraciones de cosas, cosas, cosas (me parece que no me gustarían tanto los vasos de cristal grueso si no hubiese leído esta novela). La descripción de la casa del principio vendría a ser la descripción del paraíso para Jérôme y Sylvie, el mundo que quieren crear para llegar a ser lo que quieren ser, mediante la renuncia a ser algo que no sea poseer, pero poseer sin alegría. Porque Las cosas trata sobre el llegar, o mejor dicho, sobre el vacío de llegar cuando tanto el camino para llegar como el objetivo al que se quiere llegar son vacuos; sobre la elección de una felicidad basada en lo material; sobre la desesperación por conseguir lo que se desea poseer a cualquier precio; sobre definirse a través de lo que se tiene; sobre la ceguera de cierta modernidad.
El deseo de rodearse de comodidades hermosas de Jérôme y Sylvie no es ni de esteta ni de epicúreo, es una cuestión de estatus, de pertenencia a un grupo. Esas cosas además las quieren conseguir no a través de un oficio que los ennoblezca o los haga felices, no a través de un trabajo que repercuta en el bienestar de otros o del mundo, sino con un trabajo que no les moleste ni les entorpezca y les permita el tener. Únicamente cuando parten al exilio tunecino donde existen otras cosas, cosas, cosas más accesibles, donde se les haría más fácil tener, comprenden que están muertos sin las cosas-signos que les otorgarían la pertenencia parisina. Nadie llega si no tiene sus llaves, su escritorio, su placa en la puerta, dice Pérec (traduzco de memoria, dispensadme). Y al final, por tal de llegar, Jérôme y Sylvie se convierten, se prostituyen, pertenecen.
Hablando de pertenencias obsesivas, tuve dos veces Les choses: una en mi juventud francesa en la edición de 10/18 y otra ahora en la de Julliard, traída por mi amiga Aurora de París; mi amiga que ahora mismo está embarcada en su particular Las cosas, hipotecándose y buscando muebles y cosas, cosas, cosas, con las que llenar una casa. Tal vez debería prestarle el libro.

Por fuera del libro:
Georges Pérec en realidad no se llamaba Georges Pérec, sino Georges Peretz, sus padres eran judíos y polacos; su padre murió como voluntario en combate y su madre fue deportada y asesinada en Auschwitz. Pérec quedó solo a los cinco años y fue bautizado y cambiado de apellido para que salvara la vida. Patafísico, de barba famosa, autor de La vida, modo de empleo que les recomiendo que lean antes de que yo lo destripe aquí, como digno miembro de L’Oulipo escribió una novela sin utilizar la e, otra sólo utilizando sólo la e como vocal y un palíndromo de 1247 palabras, todo ese tipo de cosas que a mí lamentablemente me aburren sobremanera y me producen esa alergia Raymond Roussel.

Citas de Las cosas en francés

Las cosas en español

Una referencia bonita

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2 respuestas a Las cosas. Georges Pérec

  1. Por estas (que no esas) cosas de la vida (un buen título y mejor película de Claude Sautet con los siempre rutilantes Schneider y Piccoli), este libro viene amarilleando (el lomo de las páginas le está haciendo la competencia cromática a la portada de Anagrama), desde hace ya sus buenos quinquenios en las estanterías cubiertas de dvds. Este libro no es el que se “destripa” con brillantez y autoría (tan de agradecer: gracias) en el “post” sino el que se cita como compromiso futuro sobre “La vida: instrucciones de uso”. Ya solo por este reto quédome a sus “pies” literarios, pues, seguro, que tras la “lección de anatomía” crítica, los entresijos constatados nos harán amar todavía más, si cabe, la vida: la real, y la de ficción “pereciana”, que nada tendrá que ver con la pereza.
    Bueno, pues ya está, ya hemos desentumecido un tanto los dátiles y dejado una opinión personal que espero agrade a la literata-traductora de reciente viaje no hacia la noche, sino a la Biblioteca Nacional, de Madrid, supongo.
    Saludos cordiales.

  2. loulouleelee dijo:

    Sí, me gusta meterme en camisa de once varas, tanto que por eso anda este blog atascado hace un tiempo en ese mindundi de Houellebecq: estoy intentando destripar a Céline y a Lowry a un tiempo.
    Cuando alguien tiene a Pérec en su casa, la conversación suele ser mucho más preciosa, no porque se llegue a hablar de Pérec, sino porque suspiro de alivio al saber que hay abiertas más puertitas de lo habitual.
    A la BN de Madrid no, a la de Montevideo, porque sí que ando en viaje al fin de la noche.

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