La torre herida por el rayo. Fernando Arrabal

La torre herida por el rayo. Fernando Arrabal

Cita: A los ajedrecistas, como a ciertos ensayistas, les gusta anteponer un «re», no precisamente musical, a cualquier verbo que iría mejor a pelo.

Los celos de sí mismo eran los más escabrosos e irremediables: las pruebas no había que buscarlas.

Me choca que a tu edad sepas utilizar la palabra abyecto tan correctamente.

Ésta es la historia de la partida de ajedrez en la que Elías Tarsis y Marc Amary (cuyos nombres suenan sospechosamente a anagrama) se juegan el título mundial y otras cosas. Arrabal desata a sus demonios y los deja sueltos encima del tablero para que dos antagonistas (un bueno con oscuro pasado y un malo con oscuro pasado) se los jueguen y se los escupan el uno al otro a la cara con odio y arrojamiento de peón incluido. De paso, Fernando Arrabal no deja títere con cabeza en ninguna institución militar, académica, religiosa o política del planeta, y es que acaso sea el más anarquista de todos los que salen en el libro.
Qué libro raro. Qué libro españolísimo pero tan poco español. Qué frases de construcción extraña, qué léxico antiguo. Os vais a marear si andáis descuidados, porque Arrabal hace carambolas lingüísticas. Esta novela es la típica que meto en las mudanzas en la caja de libros para regalar a los amigos, porque no creo que vuelva a leerla, con una vez ya no se me despinta (como una obra del teatro del Pánico). Se la regalaría a un amigo raro que supiera distinguir a un leninista de un bakuniano y tuviera interés en las partículas elementales, la defensa siciliana, las fresadoras, los geranios, la decadencia histórica del Raval, las apariciones marianas y en cómo criar Clostridium tetani en casa.
Lo que más me gusta: que las maldades se paguen de manera tan sutil gracias a las coincidencias significativas, los tableros de ajedrez que parecen recortados de los ABC de los ochenta, que Marc Amary para regodearse en su soledad en sus exámenes escritos, inventara citas, textos, autores, ciudades, ríos o teorías inexistentes, el amor de Nuria por La guerra de las salamandras. Elías es la torre, y Marc, el rayo. ¿O al revés?

Por fuera del libro:
Fernando Arrabal es otro de esos señores que desterramos a Francia. En vez de cadena montañosa pirenaica parece que nos separa una compresa de impermeabilidad cultural que no deja traspasar nada. Si bien Arrabal no ocupa el mismo lugar que Alfred Jarry, Raymond Queneau o Boris Vian en nuestro corazón francófilo, académicamente tiene la misma categoría patafísica. Arrabal tiene que escandalizar por contrato, como dijo alguien. Es famosa la inquina con que Jean-Jacques Gautier, el crítico de Le Figaro, pidió que prohibieran sus obras de teatro cuando Arrabal empezó a salir de su caparazón parisino gracias a Ionesco. También es famosa la rebeca amarilla con la que Arrabal habló del mineralismo en el programa de Dragó, pero ésa es otra historia.

La torre herida por el rayo

Una referencia bonita

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