La señora Frisby y las ratas de NIMH. Robert C. O’Brien

La señora Frisby y las ratas de NIMH. Robert C. O'Brien

Citas: By teaching us to read, they had taught us how to get away.  

A thief’s life is always based on somebody else’s work.

La señora Frisby y las ratas de NIMH es uno de esos libros para niños que no son sólo para niños. A mí me gusta mucho y de vez en cuando me lo vuelvo a leer. Siempre me pregunto cómo comenzó la historia de amor de Johnatan Frisby y su esposa (que a pesar de ser la protagonista no tiene nombre de pila porque para qué lo quiere si ya es la madre de los hijos de Johnatan Frisby, ratona de campo: mundo campestre machista.) Lo único que se sabe es eso que cuenta el señor Cronos (que me expliquen esa traducción de Mister Ages): Johnatan te conoció en algún arroyuelo del bosque, ahí queda eso. Siempre me inquieta también el gallardo atractivo de Justin, que a pesar de que no es más ni menos que una rata, no en sentido figurado sino en el sentido mamífero roedor, su apostura de valiente y sagaz y atrevido te mueve el piso a tu pesar. Pero lo mejor de La señora Frisby y las ratas de NIMH es esa frase que dice al enseñarnos a leer, nos habían enseñado a escapar y el amor inusitado y salvaje de las ratas de NIMH por los libros. Y que Jeremy el cuervo busque cosas brillantes para agasajar a una chica, que tampoco tiene nombre porque para qué, si ya es una cuerva agasajable y con eso tiene bastante.
Robert C. O’Brien publicó La señora Frisby y las ratas de NIMH en el 71, cuando aún la manipulación genética no era la cochinada que ahora utilizan para estropearnos los tomates, sino un planeta desconocido y remoto y lleno de posibilidades. Es curioso que alguien se imaginara un día que podía servir para aumentar la inteligencia y enaltecer el aprendizaje, aún con la carga tenebrosa de los seres enjaulados sobre los que se tiene potestad a la fuerza.
No todo es domingo con sol y superación y lealtad y esfuerzo y gratitud y ganas de merecerse lo que se come mediante el valor y el trabajo y ansia de libertad en La señora Frisby y las ratas de NIMH. También hay una rata pesimista, Jenner, que desprecia los afanes en vano y quiere seguir viviendo de las tranquilas migajas que caen de la mesa del poderoso porque para qué sufrir. Por supuesto también hay un gato malvado, Dragón (todos nos ayudamos contra el gato, dicen todos, y es cierto que se ayudan contra el opresor). Y hay estaciones que pasan cada una con su empeño y su cometido y su fruto respectivo, como en ese libro increíble que es el Eclesiastés y como en la antigüedad cuando se cosechaban las fresas en la primavera y los membrillos en el otoño.
Si habéis visto la película de El secreto de Nihm, tan entrañable ella y tan de sábado por la tarde, olvidaros: en el libro no hay ni magia ni espejos mágicos ni amuletos ni duelos con espadas. Nicodemus lleva un parche en el ojo y esa es toda la vestimenta ratil: todas las ratas van desnudas aunque llevan un zurrón al hombro donde cargan herramientas tamaño mini que se llevaron de la roulotte de un buhonero vendedor de juguetes mecánicos. Pero sí tienen sofás y alfombras y bombillas y un ascensor.

Por fuera del libro:
Robert C. O’Brien escribió mucho tiempo para el National Geographic, y se nota: La señora Frisby y las ratas de NIMH es una ruta campestre. Él cuenta en alguna parte que cuando iba a acompañar a pasear a un amigo suyo que estuvo internado en el National Institute of Health (NIH, ejem), encontró un edificio donde criaban ratas, ratones, conejos y conejillos de Indias para usarlos como eso mismo. Allí le explicaron que los científicos preferían a las ratas silvestres para sus pruebas sobre inteligencia porque no eran dóciles y muchas veces se escapaban. Escaparse del cautiverio y el maltrato ya denota inteligencia, no sé qué más pruebas querían. Y así nació el libro, de una convalecencia y de una dedicada amistad.

La señora Frisby y las ratas de NIMH en inglés

La señora Frisby y las ratas de NIMH en español

Una referencia bonita

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