La ronda de noche. Patrick Modiano

La ronda de noche. Patrick Modiano

Cita: Je suis la plus docile des putains.

Je ne suis qu’un papillon affolé allant d’une lampe à l’autre et se brûlant chaque fois un peu plus les ailes.

La princesa de Lamballe alias Sweet Troubador, o Sweet Troubador alias princesa de Lamballe, oscila cada noche entre el heroísmo y el crimen sin pertenecer a ninguno de los dos por falta de inclinaciones y de fortaleza. Durante el trocito de noche que dura La ronda de noche nos contará con tranquilidad infinita su desgana y su trayectoria de agente triple. Travestido dentro del vestido azul de Worth de principios de siglo, jugando solo al Mahjong, paseando por el Bois de Boulogne o por la enorme casa de los Bel-Respiro, escapando en el Bentley blanco con asientos de cuero ruso, acompañado de Coco y Esmeralda, nos destripa esa parte colaboracionista de la historia francesa enterrada a paletadas por los franceses mientras intenta convertirse en un traidor ejemplar.
Patrick Modiano es uno de esos escritores modernos que escriben a saltos poseídos por el espíritu de la renovación literaria y que arrastran agarrados de su estela a una troupe de admiradores que aseguran que lo conocían de antes de que Herralde volviera a editarlo. Yo no soy fan, a pesar de mis nrf y mis Alfaguaras traducidos por R. de Dampierre estropeaditos y firmados por sus anteriores dueños, aunque una vez las primeras páginas de La ronda de noche me salvaran la vida, pero qué libro no me salva la vida. He vuelto a leerlo esperando encontrar la chispita que me despertaron el Khédive y toda su ralea, quizá por los colores inesperados de sus trajes y su desvergüenza rodeada de orquídeas, dalias y Bentleys; por Coco Lacour y Esmeralda (los Diesel y Poomerang del City de Baricco); por ese París podrido y desierto por el que Marcel sueña con ser barman para ver derrumbarse delante de sus cócteles a toda la humanidad, lo más lejos de sí que sea posible, mientras saquea los guardamuebles buscando tesoros; o por Pernety con sus retratos de Robespierre y de Breton en la cartera. Pero Modiano es tosco y va pegándole a sus balones con los codos, pocas veces chuta limpiamente o se marca una hermosa gambeteada. Los chispazos de belleza seguro que lo hacen sobresaltarse a él mismo en su silla cuando escribe. Está triste, Modiano, porque no comprende cosas y espulga, a trompazos, la verdad, pero a ciegas, a manotazos desganados, como esperando que alguien venga a sacarle el cajón del mundo de las manos y le diga, quita, ya te lo busco yo. Por eso Troubador no se decide a ser Lamballe hasta que no ha cumplido con sus deberes impuestos, porque no le da el cuero; el cuero ruso de contrabando.

Por fuera del libro:
Albert Modiano, el padre del artista, sí que era un personaje de novela, de esos bien oscuritos o al menos turbios y misteriosos. Patrick Modiano antes de que se se le pasaran los rencores escribió Un pedigrí y me parece que en La ronda de noche intenta adivinar jugueteando en qué anduvo realmente Albert, su padre, durante la guerra. Quizá por eso investigara tanto la verdad de los malvados de la Gestapo francesa, a ver si encontraba a ese padre esquivo haciendo algo indebido en su clandestinidad. La duda siempre es más asesina que la certeza.

La ronda de noche en francés

La ronda de noche en español

Una referencia bonita

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