La mancha humana. Philip Roth

La mancha humana_Philip Roth

Una cita: I suppose I could be that ruthless with you. But where do you think I’m going to find the strength to be that ruthless with myself?

Acabo de terminar de leer La mancha humana. Tragedia griega en Nueva Inglaterra o Expiación, lo subtitulo, no sólo porque empiece con esa cita de Sófocles de Edipo Rey, sino porque es así. Hay de todo lo que hay en la tragedia: la muchacha que pasa de mano en mano y provoca la guerra y es sólo cuerpo y a través del deseo convoca la rabia de fondo por estar solos de los hombres, la madre que se mesa los cabellos, el destierro como castigo, dos hijos sacrificados, la guerra lejana y cruel y los argonautas regresados, el hermano recto y regente, la hermana mediadora entre ellos y enterradora de los restos, el héroe denostado por los dioses, hijas enfurecidas, vidas secretas pasadas, la diosa despechada y vengativa, dos sátiros danzantes. Etcétera. Lo mejor de todo es que donde pasan las desgracias en este libro es en un lugar llamado Athena, o sea, Atenas. Y la expiación la debe pagar el héroe por su ciega determinación de querer robarse un destino que no le corresponde, por empeñarse en renegar de su sangre y de su raza, por ser tan osado en el mentir. (Uso este lenguaje de telenovela porque a qué hablar de Hécubas y Creontes cuando otros lo hicieron antes mejor que yo).
Phillip Roth es uno de esos novelistas que piensa que la verdad se parece mucho a la carne cruda. Por suerte su literatura se presenta siempre en forma de steak tartare y no como masa informe con mucho pitraco o peor, como esa carne picada falsa como hecha de plástico y proteína de soja que te venden envuelta en celofán en el supermercado. Por suerte Roth es un escritor como dios manda. Una vez dije que él consigue frases que son extrañamente áridas y cálidas al mismo tiempo, y así son también sus novelas y su manera de entender la verdad. Roth sabe transmitir dolorosas soledades, seguramente porque las ha sentido, y también y quizá sobre todo sabe cómo divertirse escribiendo. Hay una tecla en algún lado que lo llena todo de absurdo aunque esa tecla no sonará por casualidad: Roth no es plato degustable por paladares simples; es una perversión, y como tal, un gusto adquirido.
Hay unas cuantas páginas de La mancha humana para mí prescindibles y debiluchas, no diré cuáles, sólo diré que mientras las leía desenchufé mi capacidad de entendimiento y recreé y recreé la imagen incalificable de Nathan Zuckerman y Coleman Silk bailando Bewitched cantado por Sinatra.

Por fuera del libro:
Dice Roth (y es un milagro que le cuente algo a ese entrevistador inútil pato) que a los lectores hay que dejarlos solos con los libros, y que si alguien se atreviera a decir algo sobre esos libros, habría que pegarle un tiro o encarcelarlo. Dice Philip Roth que habría que dejar a la gente pelearse con los libros por sí solos y redescubrir lo que son y lo que no son. También dice: Cuando escribo estoy solo, lleno de miedo y soledad y ansiedad. Pues eso.

La mancha humana en inglés

La mancha humana en español

Una referencia bonita

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