La escritura o la vida. Jorge Semprún

La escritura o la vida. Jorge SemprúnCitas: Il n’y avait plus de patrie  pour moi. Il n’y en aurait jamais plus. Ou alors plusieurs, ce qui reviendrait au même.

La seule ascèse possible de l’écrivain n’est-elle pas à chercher précisément dans l’écriture, malgré l’indécence, le bonheur diabolique et le malheur rayonnant qui lui sont consubstantiels?
Je ne puis vivre qu’en assumant cette mort par l’écriture, mais l’écriture m’interdit littéralement de vivre
.

Me cuesta escribir sobre La escritura o la vida porque tengo muchas cosas que decir y me entra esa fiaca que me conozco de antiguo de expresar lo que realmente pienso. Quisiera quedarme para mí mi rabia del principio al leer a este cachorro de cierta aristocracia madrileña recitándole Le voyage a un moribundo o atribuyéndose versos de René Char al borde de los oídos de las mujeres o hablando de Malraux y de Vallejo o acordándose de una cita del Tractatus en alemán mientras a su alrededor se apilan los cadáveres. Me cuesta hablar de mi escándalo que no venía de los cadáveres ni del Mal radical kantiano evocado hasta el vómito (y habría que hablar de la banalización del terror, habría que citar al paso a Celan, a San Agustín, a Primo Levi, a Brecht, a Hanna Arendt como hace Jorge Semprún), sino de la manera de escribir, marcha atrás marcha adelante, repetitiva y cansadora (como esas imágenes que se empiezan a soñar en la vigilia y repiten su comienzo tantas veces sin que llegue la paz del sueño), esa escritura ególatra hasta el sonrojo, ese descarado y hambriento Semprún en su coraje y su privilegio y su sufrimiento que me hacía patalear de rabia en mi banco del parque. Porque Semprún tenía casi 23 años cuando salió de Buchenwald después de un año y medio de encierro, y así lo veo, insultante, con las botas rusas y el pantalón de mecánico y la metralleta alemana, con esos ojos del que ha atravesado su propia muerte y vive para contarlo que provocan terror y despiertan piedad y toda la esperanza de procacidad de un cuerpo joven que hace mucho que no sólo no dormita ahíto al sol sino que ha sido torturado, maltratado e ignorado y que no siente culpa de estar vivo sino exultación. Cerré el libro en un momento, asfixiada de que los recuerdos de alguien que renunció durante cuarenta años a contarlos fueran tan soberbios y tan poco cabeza gacha. Decidí seguir leyendo y cuando terminara, volver al principio. Y qué deslumbramiento. Porque empecé a entender que Semprún cuenta un sueño, que convoca a voluntad el sueño de que estaba vivo entre aviso y aviso en la madrugada de ¡Crematorio! ¡Enciendan! y que su sueño era soñar que sobrevivía y tenía la vida más de intelectual parisino que haya tenido nunca español alguno. La escritura o la vida, aunque trata de sí mismo como libro, de Jorge Semprún como Jorge Semprún, de toda una vida arrancada a la literatura, de la renuncia de escribir por no morir en el intento de escribir, de la grandeza de la lucha, de la necesidad de resistir, (y traduzco sobre la marcha) habla del gusto por la vida, fundado en nada, sólo en el hecho de existir, de saberse vivo, incluso sin memoria, sin proyecto, sin futuro. De una felicidad loca sin base racional, gratuita, salvaje, inagotable en su vacuidad. También me di cuenta de que mi escándalo venía porque yo me parezco un poco a Semprún en su soberbia y en su empeño en ser un muerto viviente (aunque a los dos de adolescentes nos gustaban los mismos poetas, me falta mucho de su bagaje) pero ésa es otra historia que a ustedes no les interesa. Sólo les diré que volví a leer el comienzo cuando terminé, y que ya me había reconciliado enteramente con ese chicuelo madrileño que pasara por las manos de las SS y que me dieron ganas de acariciarle la cabezota.
Leer La escritura o la vida es casi tan difícil como haberlo escrito. Porque es molesto. Mucho. No sólo porque sea el relato de un muerto que cuenta la vida posterior a su muerte, su angustia de no poder estar nunca enteramente vivo y en la zona de brillo, sino porque, al igual que el soldado francés que se queda espantado cuando Semprún empieza a contarle la vida en el campo de concentración hablando de una película de Pola Negri, de una banda de jazz clandestina, de los poemas recitados de memoria con los compañeros en las letrinas, de libros de filosofía sacados de la biblioteca, del amor por la lengua francesa, en el fondo esperamos que nos hablen de lo truculento cuando se trata del horror, porque esperamos que nos cuenten lo que se salga de lo humano, la excepción, lo torcido, cuando no: no hay nada fuera de lo humano en el mal. Semprún reclama para sí la posibilidad, o más bien la única vía, de crear arte, o ficción para poder hacer comprensible el Mal, para que desde cerca, desde lo que nos hace valorar la vida, desde la comida deliciosa disfrutada lentamente, el recuerdo de las mujeres jóvenes que se dejan acariciar, la música vibrante de las trompetas y sobre todo la palabra escrita, sepamos que lo único que nos separa del Mal es, como él dice, la idea generosa del hombre.

Por fuera del libro:
Semprún nunca resucitó. Vivió como un regresado. Siempre. Por eso, seguramente, fue un arrojado. Por eso, seguramente, fue capaz de emprender todo lo que emprendió. Escribió el guión de una de mis películas predilectas de Costa-Gavras, Z, el de La guerre est finie, de Resnais, vivió en la clandestinidad como dirigente comunista en la España franquista, fue expulsado del partido por la mismísima Pasionaria, fue traductor de la Unesco, ministro de cultura ejemplar y sin embargo denostado con Felipe González, miembro de la Académie Goncourt. Jorge Semprún en realidad no parece español.

Cachitos de La escritura o la vida en francés

La escritura o la vida en español

Una referencia bonita

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4 respuestas a La escritura o la vida. Jorge Semprún

  1. Otro que está en casa con la cadera apoyada en la esquina a ver si aparece este cliente. El “post” impele, sin duda, a estrenarse. En el ínterim aquí dejo un par de enlaces recomendables, sobre todo la entrevista de Ricardo Cayuela en “Letras Libres”, que me parece formidable:

    1.- http://www.letraslibres.com/revista/convivio/la-memoria-como-escritura-entrevista-con-jorge-semprun

    2.- http://www.revistadelibros.com/articulos/san-semprun-o-la-escurridiza-memoria

    Saludos cordiales (¡ah, incorporo al acervo desde hoy mismo lo de “fiaca”!).

  2. g2-9aa127e273eedd37a4d07f2d5ac1d670 dijo:

    Me has convencido. Despertado la curiosidad. Metido ganas, que es el objetivo, si no me equivoco.
    Muá.

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