La calle del agujero en la media. Raúl González Tuñón

La calle del agujero en la media_Raul Gonzalez Tuñon

Una cita:  Amo los puertos (es el único sitio en donde puede aguardarse algo, un barco, un sueño, una mujer, un camarada, un pájaro).

Raúl Tuñón, el contador de historias increíbles, el dueño del verso libre salvaje, el que nació para no quedarse, el que vivió para andar siempre de paso. La calle del agujero en la media es uno de los mejores libros que podéis llevaros para leer en vuestro trayecto en metro, en tren o en autobús hacia el trabajo un lunes por la mañana en esas ciudades asfixiadas, para sacar de la guantera en la hora punta en medio de vuestras autopistas atestadas: quizás así se os despierten las musarañas del alma y decidáis embarcaros hacia un mar lejano o fugaros con una compañía de titiriteros o empezar a frecuentar el bajo fondo. Este libro habla de tugurios, de fanales encendidos al final de un callejón del puerto, de veletas que se mueven con el viento, del camino que se camina por el placer del camino en sí, de mesas de bar marcadas con nombres de mujeres usadas por todos (como la palabra, como los espejos), de titiriteros, ladrones, marineros que parten para luego volver, de islas iluminadas en el ocaso, de amores furtivos, del afán absurdo de pasar por muchos sitios diferentes para luego morirse de nostalgia, del cine en blanco y negro, y sobre todo, de París. La vida que pasa por La calle del agujero en la media es otra vida que pasa por debajo de la vida normal, una vida de arriesgarse para crear recuerdos que se puedan rememorar luego, una vida vivida como excusa para crear mitos, para darle cuerda a cajas de música y oírlas sonar con la ventana abierta mientras afuera suena un organillo, para pasar la tarde viendo cómo un señor desconocido mete barcos en botellas. Porque eso es lo que hace Tuñón: apresar barquitos y meterlos en botellas transparentes para que los contemplemos y se nos antoje imaginarnos cómo sonaría el vientito entre esas velas si fuéramos a bordo, cómo sería desembarcar en un puerto desconocido y recordar el viaje, ya tristes del fin; decir que he conocido es decir que algo ha muerto, dice Tuñón. Y es verdad.
La calle del agujero en la media es uno de los mejores libros que yo haya leído sentada en un banco disfrazada de pordiosera a mis veinte años. En aquella época en España sólo existía una antología de Visor, ahora Seix Barral publicó todos los poemas en un tomo. En Buenos Aires hace unos años era fácil encontrar los libros sueltos en las librerías de Corrientes, y de ahí tengo conmigo ahora este libro mucho más viejito que yo.

Por fuera del libro:
El Tata Cedrón dijo de Tuñón que era un atorrante delicado. Un tipo que deslumbraba, porque había estado en tenidas fuleras en su juventud, recorriendo el mundo, trenzándose en lugares sórdidos. Tuñón era nieto de un minero asturiano y de un imaginero borracho sin tierra, y es de esos dos abuelos de donde nacen las dos presencias en su poesía: la de Juancito Caminador, el rufián que ama los rincones canallas, y la del poeta comprometido que le canta a la memoria de Aída Lafuente. Tuñón, con el dinero del premio que le dieron por su primer libro, se compró un pasaje para París donde anduvo de farra con los surrealistas. Luego se fue a Madrid y anduvo de farra con los poetas del 27 y con Miguel Hernández. Fue corresponsal en la guerra del Chaco y en la de España. A Tuñón lo llaman el François Villon de, el Walt Whitman de, en uno de esos empeños por encuadrar para intentar ahogar, cuando Tuñón es ya perfectamente el Tuñón de sí mismo.

La calle del agujero en la media

Una referencia bonita

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4 respuestas a La calle del agujero en la media. Raúl González Tuñón

  1. De un inolvidable viaje a la Argentina, allá por los ochenta, entre muchos recuerdos tangibles bonaerenses (fotos, bolsos, cassettes de Alfredo Zitarrosa…), guardo con cariño (y también con negligencia: benditas contradicciones) un ejemplar del poeta de sus “Poemas de Buenos Aires”, editado por Torres Agüero en 1983. Pero debo confesar que todavía no me he “estrenao” con el libro (la poesía no es muy “satanita” de mi devoción), y he ido tirando del maravilloso trabajo del “Cuarteto Cedrón” en su lp de 1977 en colaboración con Paco Ibáñez.
    La lectura de este “post” casi me conmina a no demorar el estreno libresco. Lo tendremos en cuenta. Saludos cordiales.

    • loulouleelee dijo:

      Léalo, léalo, le va a gustar seguro. Espero. Tuñón es un poeta gamberro pero entrañable, o algo así. Luego me cuenta.
      Mañana le contesto debidamente a lo de la traducción de Manzano versus la traducción de Kurtz. He ido a la Biblioteca Nacional esta tarde a leer la versión de la Kurtz y todo, para que vea. El próximo post será obviamente sobre Céline.

  2. Elena dijo:

    ¡Me apetece leerlo! El enlace está caducado, ¿puedes encontrar otro?

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