Kim. Rudyard Kipling

Kim. Rudyard Kipling

Una cita:  My Stars do not concern themselves with thy cattle.

Kim no es un libro sólo para niños o no es sólo un libro para niños, pero debieran leerlo todos los niños antes de hacerse mayores. Kimball O’Hara es un niño muy solo que sin embargo no está solo; Kim no tiene familia y se hace su propia suerte, como diría Long John Silver, y en el camino se convierte en el “amigo de todo el mundo”. Sabe, y cuando no sabe, aprende, Kim de ojos grandes y avizores, Kim inquieto como una llama de fogata de carbón, porque Kim es una luz y una chispa para los otros y es grave y oscuro para sí mismo. En Kim hay aventura, hay soledad, hay escandalosa alegría, hay pena, hay profundidad de campo, hay hambre de saber y hambre de comer y sobre todo hay viaje y polvo de la India y amigos que se quieren. Hay personas en ese libro que han sido más compañeros míos que algunos compañeros míos, porque todo el que sale en Kim es carne y espíritu y debilidad y fortaleza: Mahbub Ali, ese tratante afgano con su amor por los caballos, las mujeres, su cariño fulgurante por Kim, al que quise encontrarme alguna vez frente a frente, de pequeña para subirme a la grupa de su yegua abrazada a su cintura, de mayor para subirme a la grupa de su yegua abrazada a su cintura; la Sahiba, esa abuela universal con sus pasteles, su cháchara, sus manos sanadoras, su resentimiento arrastrado de ser mujer en un mundo gobernado por los hombres y su poder emanado detrás de las cortinas; el Lama obcecado, el Babu sensual, el Coronel Creighton y el gran mundo, Lurgan misterioso, la mujer de Shamlegh que quiere arrastrar a las cadenas de los amores pasados la belleza de Kim. Leyendo Kim se llega a saber que lo más importante está fuera de la corriente general del mundo, que algunos sí que son los preferidos de las estrellas, y que Kipling sabe dibujar mejor que nadie una frase.
¿Cuántas veces he leído Kim en mi vida? Ni me lo pregunto. Cada vez lo vuelvo a leer con asombro de encontrarme las mismas cosas, como si al llegar a una casa en la que hubiera vivido mucho tiempo hace tiempo me diera cuenta de que la manera en que se guardan las cosas en sus armarios es la misma manera en que guardo las cosas en mis armarios yo. ¿Cuántas ediciones de Kim tuve? Que es lo mismo que decir cuántos Kim no tengo. No puedo saberlo, es un libro que no transporto y me vuelvo a comprar en las ciudades a las que llego. Mi último Kim lo compré en un sebo de Pelotas, en portugués. Lo leí en el trayecto Pelotas-Montevideo y lo volví a leer en el trayecto Montevideo-Córdoba. Mi primer Kim lo saqué de la biblioteca de El Puerto, recuerdo el volumen azul con algunas novelas más de Kipling dentro. Y cómo olvidar a Errol Flynn con la barba teñida de colorado.

Por fuera del libro:
El padre de Kipling era intendente, director, curador, como se diga, del museo de Lahore (sí, el mismo que en Kim le regala al Lama sus gafas).
Kipling había eligido como símbolo personal la esvástica, signo hindú de la salud y la buena fortuna. La mayoría de sus libros publicados a principios del siglo XX iban adornados con ella y con la efigie de Ganesha con una flor de loto en la trompa. En 1933, cuando Hitler obtuvo el poder, la esvástica se convirtió en el símbolo del partido nazi, y Kipling pidió a los editores que en las siguientes reimpresiones de sus libros la retiraran.

Kim en inglés

Kim en español

Una referencia bonita

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3 respuestas a Kim. Rudyard Kipling

  1. karlossp dijo:

    Yo leí El libro de la selva y también creo que hay mayor trasfondo que el de una historia para niños. Molaría escudriñarlo de nuevo.

  2. marife dijo:

    Me has convencido para leérselo a mis hijos de 11 y 9 años. Lo leí hace muchos años y
    guardo buen recuerdo. Gracias

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