Juan Belmonte, matador de toros. Manuel Chaves Nogales

juan_belmonte_matador_de_toros_manuel_chavez_nogalesCitas: Hay que ofrecer gallardamente al Destino el sitio donde pueda herirnos.

Emocionan los episodios de esta vida mía, que no es ni más ni menos que todas las vidas que merecen llamarse tales, sino una sucesión constante de esfuerzos dramáticos para afirmar una personalidad penosamente forjada en lucha con el medio.

Que los toros no son cool por decirlo suavemente (y tal como lo dice el gran Chapu Apaolaza, que además es quien me dijo que me tenía que leer YA este libro) se nota en cuanto lees un par de reseñas de Juan Belmonte, matador de toros. Enseguida salta la liebre de que a Manuel Chaves Nogales no le gustaban o que este libro está más allá de la tauromaquia; que lo está, lo que no quita para que, pese a la advertencia fluorescente, sea complicado que un moderno vegetariano vaya a leerlo, por desgracia para los modernos vegetarianos porque es un libro espléndido. Igual que a la generación del 98, tan poco taurina, Belmonte conquistó a su paisano con su personalidad y su manera de relatar anécdotas. Nada malo podría salir del encuentro de dos personajes de novela, Juan Belmonte y Chaves Nogales, que se reúnen a charlotear por las tardes en la cocina de la casa del último, en la madrileña Cuesta de San Vicente. El uno con su vida de leyenda antigua, el otro cazador de vidas de leyenda con capacidad para oír, ver y trasladar con maestría asombrosa el retrato de un hombre y de una época de España que ahora se lee como un relato de dinosaurios, tanto nos ha cambiado el pelaje de principios del siglo XX hasta ahora. Belmonte, nacido y criado en Triana en la miseria y el hambre, jugaba al toro como jugaban entonces todos los niños de mi edad, los mismos que hoy juegan invariablemente al fútbol. Los niños que crecen en medios hostiles, como todos los demás niños, o se enfangan o se encumbran o prosiguen la triste estela de sus padres. Belmonte fue uno de esos hombres carismáticos de los que salpimentan generaciones; él dice que siempre sintió una angustiosa necesidad de afirmar mi personalidad, nosotros diremos que tenía ese hambre de ser diferente de los otros, de buscar otra vía, la suya, de hacer elecciones distintas para las mismas cosas de siempre que señala a las figuras, del toreo o de lo que sea. En otras circunstancias Belmonte no habría sido matador de toros: habría sido explorador, conquistador, estrella del rock, Pelé, pero le tocó nacer en Triana en 1892 y así tuvo que ser. Un capotazo, desde que Belmonte decidió ser el primero en quedarse inmóvil delante del toro, llegó a ser un gesto para la posteridad igual que ahora un gol de Villa por la escuadra.
Chaves Nogales, enguantado en su arte de periodista, escribe la vida de Belmonte en primera persona, lo que le otorga un vértigo de tertulia y de confesión al oído al libro. Qué gran texto. Quién sabe cuánto se deberá a las maneras de Belmonte y cuánto al oficio y al talento de Chaves Nogales, conjunción espléndida, de la narración de los tiempos de andar con los aspirantes a toreros anarquistas en la fuentecilla, las historias galantes cargadas con todo el peso de la concepción felizmente trasnochada de cierta hombría trasnochada, el enganche brutal casi narcótico de ir a las dehesas a enfrentarse a los toros con dueño de noche y de estranjis, la culpa por andar de golfo en vez de arrimar el hombro como correspondía al primogénito para sacar a los hermanos más chicos de la pobreza, los triunfos posteriores, las dudas perennes sobre la valía personal y el empuje, el trato íntimo y cotidiano con la muerte, los viajes constantes, la vida en la carretera, la paz del retiro.
Juan Belmonte, matador de toros no fue libro en principio, sino que se publicó por entregas en la revista Estampa entre junio y diciembre del 35, poco antes de que Belmonte se retirara de las plazas. En seguida se recopiló y dos años más tarde se traducía al inglés y así hasta hoy que podéis encontrar la edición sushi con portada color buganvilla de Juan Belmonte, matador de toros en Libros del Asteroide, aunque por suerte lo sigue editando Alianza de bolsillo a precio blanco y negro. Sacudíos la modernidad innecesaria. Yo lo compré al mediodía, empecé a leerlo en El Comercial de Glorieta de Bilbao mientras esperaba a un amigo, lo leí de noche todo el cachito de camino que me dejó el tren hasta Lisboa, seguí leyendo a las siete de la mañana en una cafetería medio inmunda de la calle Bempostinha, lo terminé por la tarde, en la cafetería Benard del Chiado. Todo esto para decir que quiero más más más Manuel Chaves Nogales.

Por fuera del libro:
Manuel Chaves Nogales murió a los 46 años en Londres, donde pasó los últimos cuatro años de su vida después de salir huyendo de París cuando la invadieron los nazis en el 41. A París había llegado en el 36 despotricando contra la guerra civil. Antes de eso se había recorrido Europa en los aviones que había en los años 30, anduvo por Rusia y por el Riff, escribió una novela sobre un cantaor flamenco que se quedó atrapado en la Revolución rusa, entrevistó a Goebbels y lo puso como los trapos, fue periodista de oficio de ésos que tan pocos hay y dueño del idioma toda su vida. Sevillano como Belmonte, detestaba los extremismos y los dogmas y así ha estado medio olvidado hasta que decidieron recopilar su obra completa, primero la Diputación de Sevilla (la edición está agotada, ni os esforcéis en encontrarla) y ahora los del Asteroide, aunque queda un libro en Austral, A sangre y fuego. Yo desde luego soy fan, llegada tarde pero fan.

Juan Belmonte, matador de toros (fragmentos)

Muerte de Juan Belmonte

Cachito heteropatriarcal de Juan Belmonte, matador de toros:

La desenvoltura  de aquella mujer me decía , así porque sí, que estaba enamorada de mí, me pareció excesiva, y supuse que se trataba de una señora al alcance de cualquiera que alargase la mano, o bien de una vieja cotorra desesperada.

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2 respuestas a Juan Belmonte, matador de toros. Manuel Chaves Nogales

  1. Luis Miguel dijo:

    Lo empecé anoche y me va a dar pena terminarlo.

  2. Chris dijo:

    “Todo esto para decir que quiero más más más Manuel Chaves Nogales”…
    Pues en Renacimiento también le han publicado a parte de Juan Belmonte: La defensa de Madrid, A sangre y fuego, Lo que ha quedado del Imperio de los Zares, Crónicas de la guerra civil y la Bolchevique enamorada :)

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