El viento en los sauces. Kenneth Grahame

El viento en los sauces-Kenneth Grahame

Citas: Nothing seems really to matter, that’s the charm of it.

Y tú también vendrás, hermana, porque los días pasan y ya no vuelven, y el Sur aún te espera. ¡Acepta la Aventura, escucha la llamada, ahora, antes de que pase el momento irrevocable! ¡Sólo es cuestión de cerrar la puerta detrás de ti, dar un alegre paso adelante, y dejar atrás la vieja vida para comenzar una nueva! Luego, algún día, dentro de mucho tiempo, regresa a casa si quieres, cuando hayas bebido la copa y el juego haya acabado, y siéntate al borde de tu río tranquilo, en compañía de todos tus hermosos recuerdos.

Las tostadas con mantequilla, las cocinas cálidas, los desayunos, el fuego acogedor de la chimenea, las zapatillas, las sábanas con olor a lavanda recién tendidas, las mermeladas y confituras, la tranquilidad y las despensas repletas son cosas muy importantes en El viento en los sauces, un canto contra las aventuras que no sean ir de picnic a la campiña, pasear por el río en una barquichuela pintada de azul o perderse en el bosque de al lado de casa. En El viento en los sauces el hogar, el mundo pequeño rodeado de cuatro paredes de la Rata de Agua, del señor Topo y el señor Tejón se protege de la obsesionante voz del mar ancho y desconocido de la Rata de Mar y del Sur de las Golondrinas. Todo lo que vuela y se mueve demasiado rápido es un peligro y una amenaza; todo lo que atenta contra la etiqueta de la sencilla vida campestre se considera dificultoso y salvaje. No en vano, para enseñarnos bien la lección de lo que no debe emprenderse, el personaje odioso e inconsciente del libro, el señor Sapo, es un adicto a los vehículos (primero a los barcos, luego a los carros y por último los a coches), que pierde el juicio cual drogadicto en pos de la satisfacción inmediata de su capricho del momento. Aunque estos animales tan tranquilos, amantes de la vida trazada y de lo agradable que les parece conocer cada uno la debilidad de su vecino, de vez en cuando se dejan trastornar un poco por la sed de aventuras, y ahí les nace el conflicto, en la dulce inquietud que se les despierta por dentro y que deben sacudirse los unos a los otros hasta convencerse de que no, no quieren vivir con un hatillo a la espalda y cambiando de ciudad y de puerto y de cama cada poco tiempo, sino seguir guardando manzanas coloradas y tarros de miel en la despensa, pasear al atardecer por los campos en siega y disfrutar encerrados frente al calor de la chimenea el invierno.
El viento en los sauces fue escrito hace 104 años para que los niños ingleses amasen su vida tranquila a orillas del Támesis y fueran educados y conocieran su lugar en el mundo como el felpudo de la puerta al que jamás se le ocurriría darte su opinión aunque se la preguntaras. Y sin embargo en él late un amor por lo indebido y lo insólito, por marcharse y dejar la comodidad de lo conocido por el miedo de lo inusitado, que lo convierten casi en un libro esquizofrénico.
El amor de la Rata de Agua por su río me recuerda mucho al Sudeste de Conti. El relato de los viajes de la Rata de Mar me recuerda a Maqroll el Gaviero. La casa del Tejón me recuerda a la casa de Bilbo Bolsón. El momento del semidiós con cuernos tocando la flauta en un claro del bosque, ese que regala el olvido para que la vida sea más llevadera y el placer posible, me recuerda al Sueño de una noche de verano. El viento en los sauces es uno de esos libros infantiles ingleses inglesísimos clásicos clasiquísimos que en realidad no son tan infantiles como parecen y que nos alivian un poco el corazón. Y algunas ediciones tienen ilustraciones magníficas. Si estáis tristes deberíais leerlo porque es una reconciliación. Con qué, no sé. No llega a ser una 2ª de Mahler pero habla de las resurrecciones primaverales con el suficiente ardor como para llegar a creer en algo. Si estáis hambrientos de otros horizontes poneros tapones en los oídos cuando habla la Rata de Mar: es capaz de convertir a cualquier labrador en Ismael el de Moby Dick.

Por fuera del libro:
A Kenneth Grahame se le murió la madre cuando tenía 4 años y su padre se dedicó a beber hasta morir, literalmente, en un asilo de Francia. Kenneth y sus hermanos se criaron con su abuela, en una casita a orillas del Támesis, caramba, qué coincidencia. Grahame se casó virgen a los 40 años. Su hijo Alastair nació ciego y no le hacían mucho caso, aunque se convencieron de que era un genio, así como para compensar el abandono y la ceguera. Grahame le escribía cartas contándole las historias del fatuo Sapo cuando Alastair se quejaba de que no iban a visitarlo en sus soledades inglesas y así nació El viento en los sauces. Mientras Alastair se tumbaba en mitad de las carreteras para intentar que lo atropellara un coche, su padre le escribía historietas sobre tejones y ratas. El libro no lo quería publicar nadie hasta que sí y Roosevelt padre el presidente dijo que era espléndido y que todos los niños estadounidenses debían leerlo y así se hizo famoso. Alastair terminó tirándose debajo de un tren.

El viento en los sauces en inglés

Una referencia bonita

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3 respuestas a El viento en los sauces. Kenneth Grahame

  1. Luis Miguel dijo:

    ¡Qué alegría ver este libro en tu blog! Es uno de mis favoritos de siempre, junto con el Winny de Puh. Imprescindibles las ediciones de ambos editadas por Valdemar (bueno, todo lo de valdemar, incluso las mierdas que editan últimamente).

    Releer El Viento en los Sauces hizo que desistiera a ultimísima hora de escapar por segunda vez al cono sur para quedarme en casa con mi señora de toda la vida. Bueno, ella hizo también lo suyo, claro (por si lee esto)… no en el momento, sino antes, en mi memoria. En fin, que sí, que este libro es grande y tan cabrón como estrenar casa, como un catálogo de IKEA.

    • Loulou Lee dijo:

      Es un viaje, sí, nunca mejor dicho. Yo me paso la vida en el mismo trance de la Rata amante de su río cuando la seduce la Rata de las argollas en las orejas con sus relatos marinos y sureños, así con los ojos vidriosos. Lástima que no tengo ningún Topo que me detenga y me prepare un té y me diga que como en casa no se está en ninguna parte.

  2. Yo soy un enamorado de la literatura infantil, este libro es uno de mis preferidos de este género.

    A mi este libro me produce muchas reminiscencias de “Los papeles póstumos del club Pickwick” de mi amado Charles Dickens. Ambos giran alrededor de un grupo de solterones burgueses dedicados a una vida contemplativa, donde no existen preocupaciones económicas ni familiares. Al igual que en la primera obra del genio inglés, Grahame utiliza una ironía sutil y, (sólo) aparentemente ingenua e inocente, donde no hay personajes buenos o malos, hay personajes solidarios o egoístas, de tal manera que no cae en maniqueísmos ni personajes dicotómicos.

    Pero si esta obra es un clásico infantil es gracias al personaje del sapo. Es el centro y el nexo del cuento. Es el personaje que frente a las virtudes que caracterizan los comportamientos de sus amigos (nobleza, solidaridad, altruismo), en él todo son defectos (avaricia, egoísmo, vanidad) pero a la vez es el que hace que la vida de los otros animales sea menos monótona y aburrida, más excitante. Así humaniza todo el cuento dándole una profundidad que convierte un simple cuento en un clásico ¿Quién es más vanidoso aquel que hace lo que le da la gana sin salpicar a sus amigos o aquel que se dedica a cuidar y proteger a los demás por considerarse más adulto? ¿El tejón protege al sapo porque el padre del sapo se lo pidió antes de morir o porqué así escapa de su aburrida y monótona vida? El sapo ejemplifica el concepto de “oveja negra” ¿Quién no tiene una “oveja negra” en su familia o en su grupo de amigos? ¿No nos sentimos superiores a éstos al cuestionar y juzgar su manera de actuar? Estos son algunos de los interrogantes que deja la lectura del cuento a un nivel más profundo.

    Un pecado ser un amante de la lectura, tener hijos y no leerlo

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