El negro del Narcissus. Joseph Conrad

El negro del Narcissus. Joseph ConradCitas: A common bond was gone; the strong, effective and respectable bond of a sentimental lie.

They were the everlasting children of the mysterious sea.

The ship, a fragment detached from the earth, went on lonely and swift like a small planet.

Un barco es un cachito de planeta que se separa por un rato de la tierra firme. Entre sus mamparos se crean sociedades pequeñitas, con sus pilares fundacionales, sus malvados y sus valientes, sus abnegados y sus malcontentos e incluso sus gatos (el gato de la Narcissus se llama Tom y atraviesa el Cabo de Buena Esperanza como consumado marino mojado). Los hijos siempre mozos del mar misterioso (como elige traducir un poco a la remanguillé Ricardo Baeza) acompañan al barco en su pena bajo la dirección espiritual del beato cocinero Podmore, de la sabiduría supersticiosa del viejo Singleton y de ese increíble capitán Allistoun con su vieja bufanda roja en torno al cuello, el único color del libro además de la camisa amarilla con listas rosas del finlandés y los bronces abrillantados de la Narcissus. Las estrellas brillan sin desmayo encima de los mástiles, que para eso están. Las galletas que siempre me recuerdan a Jim Hawkins se dejan mordisquear. La luna en el mar riela. Y la vida de la Narcissus se trenza alrededor de James Wait, El negro del Narcissus, un marinero que llega el último y después de que zarpe el barco se declara enfermo. Sus compañeros siempre sospecharán que miente para no trabajar y aún así lo tratarán como a un verdadero moribundo. Os lo destripo porque Jimmy no importa nada de nada, lo que importa son los vientos que soplan entre la voluntad de esa tripulación que más que tripulación parece chiquillería. Su afán de creer y comportarse como deben incluso en lo peor de la tormenta y el desmayo los constituye en población y la enfermedad real o imaginaria de Wait es la piedra de toque y el monumento conmemorativo y el todo para los marineros.
Una de las descripciones más hermosas de la fascinación y la droga de la literatura la podéis leer en este libro, cuando Conrad habla de la extraña e incomprensible popularidad de Bulwer Lytton entre los que se embarcaban hacia los mares del Sur: lo que nos saca de lo infame y de lo sucio y del hambre, algo así dice Conrad pero mejor dicho. Una de las mejores actuaciones de capitanes de barco del mundo la podéis leer en este libro, cuando Allistoun decide devolverle a la serpiente del barco, Donkin, cierto objeto que había perdido.
Conrad (y por eso es uno de nuestros favoritos) sabe retratar, sabe (como es su intención) hacer ver, y en un barco que recorre medio globo hay de sobra para ver. El libro empieza relatando en tercera persona, aunque no te das cuenta hasta que en el fragor de la tormenta cambia a primera del plural y llega el frenesí. Me he comido una bolsa entera de pipas de los nervios mientras leía esta tarde la parte tempestuosa. Amárrense y lean, no sean grumetes.

Por fuera del libro:
Joseph Conrad fue marinero en un barco llamado Narcissus que partió de Bombay y atracó en Inglaterra; James Wait fue uno de sus compañeros de guardia, así que digamos que todo es verdad y démosle el premio anual de pintura a Jósef Teodor alias Joseph. Después de escribir esta novela Conrad decidió dejar para siempre el mar y dedicarse a ser escritor y, cito, rendir tributo de su inalterable y profunda afección por los barcos, los marinos, los vientos y el mar grandioso que moldearon su juventud y fueron los compañeros de los mejores años de su vida.
Cuando El negro del Narcissus se publicó en Estados Unidos le tuvieron que cambiar el título, así que le pusieron The children of the sea, que es un título que pensaron que era mucho más bonito y menos racista y acorde con el espíritu de la marinería del Narcissus, dónde va a parar. Como la tilinguería lingüística no tiene límites, en el 2006 hicieron una edición nueva con todos los niggers borrados del texto. Si tanto les ofende la maldad de la que son capaces los hombres para con sus semejantes, digo yo que podrían reescribir el libro y hacer de James Wait un marinero como dios manda, o titular el libro «El ser humano impresentable y accidentalmente afrodescendiente sin que su color de piel tenga absolutamente nada que ver con su actitud de mierda del Narcissus».

El negro del Narcissus en inglés

El negro del Narcissus en español

Una referencia bonita

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