El fantasma de Harlot. Norman Mailer

El fantasma de Harlot-Norman Mailer

Citas: Tuve la sensación de que nadie jamás llegaría a ver ese fulgor en sus ojos, a menos que hubiera subido con él hasta la cima del Annapurna.

Happiness is experienced most directly in the intervals between terror.

That is exactly what I would do if I were the Lord and could not trust My own creation.

El fantasma de Harlot es un grave tochoncio (las ediciones que tengo, de Plaza & Janés en español y de Michael Joseph en inglés, tienen respectivamente 1241 y 1152 páginas) en el que Norman Mailer se dedica a ser asquerosamente barroco, pretendidamente escandaloso y exquisitamente insoportable. El fantasma de Harlot es un libro sobre la CIA y sus marranadas por dentro y Estados Unidos por fuera durante la guerra fría; así dicho no suena muy original, pero creedme si os digo que el libro es depravadamente atractivo. No es un libro de espías 007, sino de espías sofisticados, en el sentido complicado y refinado de la palabra, sobre todo si os gustan las metáforas retorcidas y los símiles rebuscados y decadentes y si amáis el olor a esnobismo intelectual a cualquier hora del día (cómo catalogar si no el gesto de que dos ex cónyuges se manden recados morales mediante versos de La tierra baldía de Eliot). Norman Mailer, obsesionado por la pureza espiritual de los elegidos y feliz como un cerdito cuando puede regodearse en la escatología, crea personajes increíbles, fabricados sobre capas retorcidas y complejos fantasmas, hambrientos de vidas distintas, buceadores del cielo del infierno, creadores de discursos, de ésos a los que te encantaría invitar a cenar aunque con un guardaespaldas que te vigilara el alma. Hugh Montague (Harlot en persona, creo yo que un James Jesus Angleton recreado), Boris Masarov, Arnold Rosen, Dix Butler, Cal Hubbard, Bill Harvey son graves esculturas de barro, unos con los pies más de bronce que otros.
El fantasma de Harlot es un libro perfecto para llevarse a un naufragio porque es largo, denso y lleno de detallitos regocijantes e inquietantes. Mi padre me lo dio en el 94, como deshaciéndose de una granada con la anilla quitada, y lo mismo debió de hacer al editor de P&J que se lo endilgó a Anagrama ya traducido por Rolando Costa Picazo, aunque os recomiendo que si podéis, lo leáis en inglés: Mailer es un banquete extravagante, a veces exagerado en su pomposidad, pero merece la pena verlo dar sus saltos mortales sin red.
La parte del libro que pasa en Montevideo esta vez la volví a leer primero: me gustó poder saber que son reales esa fangosidad del estuario del Plata y esa coincidencia de los mismos colores desgastados y melancólicos en paredes descascarilladas, puertas, latas en la que se plantan los malvones, viejos coches repintados, de las que Herrick Hubbard le habla a Hadley Kittredge Gardiner en una carta del 14 de octubre de 1956, mucho antes de besarla por primera vez y poder decir que it was like picking up a great novel and reading the first sentence. Call me Ishmael.
Una de las cosas que más me gusta del libro: cuando enseñan a Herrick a reclutar agentes en La Granja. Son las mejores clases de seducción amorosa a las que asistí jamás.

Por fuera del libro:
Norman Mailer publicó su primera novela, Los desnudos y los muertos, en 1948, sobre su experiencia en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque sólo fuera de patrulla una vez y luego lo pusieran a cocinar, escribió una de las mejores novelas de guerra del mundo mundial y a qué esperáis para leerla. Mailer es uno de esos escritores que se construían vidas casi tan noveleras como sus libros: seis esposas, nueve hijos, alcohol, drogas, peleas a puñetazos, declaraciones intempestivas. Como dijo el New York Times en su obituario, Mr. Mailer belonged to the old literary school that regarded novel writing as a heroic enterprise undertaken by heroic characters with egos to match. Es curioso que en todo lo que se escribe sobre Mailer aparezca la palabra ego, quizá por el comienzo de su El rey de la montaña de 1971, otro libro que os tenéis que leer. Así que ya tenéis tarea de Mailer: un libro de espías, otro de guerra y otro de boxeo, no aptos para princesas a las que les afecten los chícharos bajo siete colchones.
Ah, la isla donde está la señorial casa de infancia de Harry Hubbard, que luego pasa a ser propiedad de Kittredge, es Mount Desert, la misma isla donde se fue a terminar sus días Marguerite Yourcenar.

El fantasma de Harlot en inglés

El fantasma de Harlot en español

Una referencia bonita

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